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A modo
de introducción, decir que la columna
vertebral de este trabajo está en el concepto de
resiliencia. Es a través de él como he
ido tejiendo la estructura y el hilo argumental
del documento, dado que considero que, por un
lado, resume el artículo de Boris Cyrulnik y,
por el otro, da pie a considerar las cuestiones
relativas al desarrollo de la persona. El
concepto de resiliencia hace referencia a la
capacidad humana de hacer frente a las
adversidades de la vida, superarlas
y salir de ellas fortalecido
e, incluso, ser transformado
positivamente por ellas (Grotberg, 1996). En
otras palabras, la
resiliencia es la capacidad de reaccionar
positivamente a pesar de las dificultades, y la
posibilidad de construir basándonos en las
fuerzas propias del ser humano. No consiste sólo
en sobrevivir a las circunstancias, sino que es
tener la capacidad de usar la experiencia
derivada de las situaciones adversas para
proyectar el futuro. Para tal fin, pienso que es
necesario desarrollar una serie de habilidades y
adquirir un abanico de recursos internos que nos
den la motivación, la serenidad y la constancia
necesarias para no quedarnos en el intento.
El primer aspecto a
considerar en el análisis del texto, es la
diferencia existente entre el método de estudio
e investigación en las ciencias sociales y las
ciencias naturales, porque condicionan la manera
de entender el desarrollo y el comportamiento
humano. La psicología como ciencia, al
constituirse como tal a finales del siglo XIX
con Wilhelm Wundt, entre otros, lo hacía
derivando de la Biología, la Filosofía y la
Fisiología
(C) Los “saberes” acabados de nacer,
como la psicología, si querían ser científicos,
tenían que imitar los procedimientos de las
ciencias ya consagradas, como la física y la
química, de manera que sus métodos de estudio
“descubriesen” las leyes del comportamiento
social, predijesen futuros acontecimientos, etc.
Era preciso buscar leyes de causa-efecto como
ocurre en las ciencias naturales, lo que nos
lleva a cierto determinismo en el campo de las
ciencias sociales.
Los padres
fundadores de las ciencias sociales optaron
mayoritariamente por este camino; fue el caso de
Comte, Durkheim, Wundt, Fechner y Freud. Pero
por otro lado, había otros ilustres autores que
vieron que las ciencias sociales tenían que
adecuar sus métodos a sus objetos de estudio
específicos: los seres humanos. Las ciencias
sociales sostienen que no se pueden estudiar con
idénticos métodos que los utilizados por las
ciencias naturales. En la naturaleza hay cusas;
en las acciones humanas, razones; en la
naturaleza hay azar o necesidad; en las
conductas humanas, libertad; en el mundo natural
no hay valores, en el ámbito social sí.
Explicamos los movimientos de los astros y de
las moléculas, pero comprendemos las acciones de
los seres humanos (Florencio
Jiménez)
(A) Es por ello que el estudio del ser
humano no puede utilizar la misma metodología
que la de las ciencias naturales. Se puede
establecer una relación causal entre el
calentamiento del agua y su ebullición, pero no
es posible determinar las consecuencias de la
misma manera en las personas, ya que éstas se
construyen de forma diferente en momentos y en
lugares distintos, y un mismo estímulo no tiene
porque producir un mismo efecto en personas no
iguales. Por lo tanto, lo que defiende Boris
Cyrulnik está en esta misma línea: “de lo que
se trata en la actualidad es de introducir
observaciones de largo alcance, ya que los
determinismos humanos se producen a corto plazo.
Solo en éste se pueden constatar causalidades
lineales. Cuanto mas largo es el plazo de
observación, tanto más probable será que la
intervención de otros factores venga a modificar
los efectos observados”.
Relacionando el tipo de observación a largo
plazo que propone Boris Cyrulnik con la Teoría
Sistémica, podemos decir que cada individuo
representa un sistema y el estado interno de
éste es diferente en cada uno, así que las
“perturbaciones” del exterior alteran el sistema
(traducido en comportamiento) de distinta forma
en cada caso; y, a largo plazo, la evolución de
ambos individuos será también diferente debido a
los ambientes en que éstos tomen parte, ya que
las influencias que reciban de éstos alterarán
el sistema en direcciones distintas, por lo
tanto, los determinismos a largo plazo no son
concebibles aquí, sólo a corto, como sugiere
Cyrulnik.
De lo
anterior podemos extraer la siguiente
conclusión, en palabras de Cyrulnik:
“un golpe de la fortuna es una herida que se
inscribe en nuestra historia, no un destino”.
Por tanto, las influencias (las perturbaciones)
tienen un carácter primordial en el desarrollo
humano, y es gracias a éstas como podemos
reorientar nuestro desarrollo consiguiendo que,
un golpe de fortuna sea, como dice
Cyrulnik, una herida que se inscribe en nuestra
historia y no un destino. Para poder tomar “los
mandos” del sistema y reconducirlo, es preciso
que el individuo desarrolle su conciencia, y
que, como consecuencia sea capaz de llevar a
cabo la resiliencia. Entraré en esta
cuestión al final, ahora me gustaría comentar
cómo ese determinismo se expresó en el contexto
cultural de la época (principios s.XX) y las
implicaciones que ello supone en el desarrollo
humano.
Como nos
dice Boris, “el
crecimiento de los niños se concebía con la
ayuda de metáforas vegetales: si un niño crece y
va ganando peso, es señal de que es una buena
simiente! Esta metáfora justificaba las
decisiones educativas de los adultos. En
realidad, las buenas simientes no necesitan
familias ni sociedades para desarrollarse”.
Es oportuno mencionar el caso del
niño salvaje descubierto en los bosques del
centro de Francia a finales del siglo XVIII para
argumentar la importancia del contexto (las
influencias) en el desarrollo, ya que la
metáfora de las simientes me lleva a pensar en
el determinismo biológico, en el debate entre lo
innato/aprendido, biología/psicología. Éste, es
un claro ejemplo de que la biología por sí misma
no desarrolla al individuo hasta convertirlo en
humano. Podemos decir que la biología tiene un
papel relevante en las primeras fases del
desarrollo hasta llegar a la madurez, en la cual
ya se han desplegado, por decirlo de alguna
manera, las capacidades motrices, perceptivas,
sexuales, físicas y cerebrales. Pero, ¿qué
convierte al Ser en humano? Es la convivencia en
sociedad, el proceso de socialización y
adquisición de la cultura, lo que hace del Ser
una persona humana (Vygotsky). En consecuencia,
las personas no se desarrollan de forma correcta
y equilibrada por sí mismas, sin la influencia
de los demás. Es más, está demostrado que
genéticamente hay individuos que están más
predispuestos hacia cierto tipo de habilidades,
como por ejemplo, la música, las matemáticas, la
destreza manual, etc., pero esas habilidades si
no se estimulan no se desarrollan, así que sería
como si la persona no las tuviese. Estas
habilidades es lo que en Psicología de la
Personalidad se denomina aptitud, término
que se le atribuye a la potencialidad de los
objetos o de las personas para realizar alguna
cosa.
En definitiva la
simiente necesita obligatoriamente de un
contexto que le aporte los elementos básicos
para su crecimiento y de la identificación, en
primer lugar, por parte del entorno y en
segundo, por el individuo consciente, de
aquellas aptitudes que pueden ser desarrolladas.
Por otro lado, la frase siguiente: “por lo
que se refiere a las malas simientes, es preciso
arrancarlas para que la sociedad recupere su
virtud” habría que preguntarse, si no
es tal vez la sociedad la que convierte las
semillas en individuos malos y buenos. Me
recuerda al Holocausto, la raza aria que
pretendía Hitler, y me da pavor.
La
construcción de los individuos se teje,
primordialmente en el seno familiar
(microsistema), y, a medida que el niño se va
desarrollando va estableciendo relaciones con el
mundo exterior. Éste, puede estructurarse en
tres esferas de influencia que en base a la
terminología de Bronfenbrenner de su perspectiva
ecológica, podemos estructurar de la siguiente
manera: los diferentes microsistemas en los
cuales el niño participa (familia, escuela,
etc.) de forma simultánea, y que están
vinculados entre sí, forman el mesosistema.
Los ámbitos en los que la criatura no participa
pero que influyen en su desarrollo se denomina
el mesosistema, y, por último, el
macrosistema, que equivale a las
instituciones económicas y políticas en la
esfera nacional como también las grandes
orientaciones ideológicas de la sociedad
(sistema de valores) que inciden poderosamente
en el desarrollo del niño. ¿Qué fenómeno es el
que transmite la cultura que impregna todos los
ámbitos de desarrollo? La socialización,
el proceso mediante el cual el niño aprende e
interioriza, en el transcurso de su vida, los
elementos socioculturales de su medio ambiente,
los integra y da estructura a su personalidad
(configura su identidad), bajo la influencia de
experiencias y agentes sociales significativos,
para adaptarse así al entorno social (Giddens,
1991). Por lo tanto, la socialización pretende
el equilibrio y ajuste entre persona-sociedad.
Me
pregunto, en qué entorno se desarrollan
actualmente los individuos, en qué tipo de
sociedad; ¿cómo crecen hoy los niños? ¿reciben
adecuadamente los
elementos básicos para un crecimiento sano?,
¿cómo les construye la sociedad? ¿con qué
valores, con qué principios? La realidad social
no es una cosa externa a los individuos, sino
que forma parte del mundo subjetivo de las
personas, de sus maneras de pensar, sentir y
actuar en el mundo, y la socialización es el
mecanismo de interiorización de la realidad
externa. Actualmente, hay autores que defienden
que nuestra sociedad es la postmodernista.
Federico Onis (crítico literario), fue quién por
vez primera en la década de los años treinta
utilizó el término. Éste sugiere el cambio de
una época a otra, implicando una interrupción en
la era moderna y el surgimiento de una nueva
sociedad. Las características de esta época
podrían resumirse en las siguientes: el
nihilismo (ausencia de verdades totalizadoras),
neoindividualismo (vuelta al yo, falta de
creencia en los ideales colectivos), egoísmo,
inmediatismo y hedonismo (el culto al presente,
buscar el placer) y subordinación de la cultura
a la lógica del mercado (materialismo, sociedad
consumista, superficial, competitividad).
(A) Estos son algunos de los valores con los
que el niño crece en nuestra actual sociedad. En
base a lo anterior, cabría preguntarse lo
siguiente: si la vida es difícil y dura,
y todo ser humano experimenta en algún momento
de su vida o a lo largo de ella acontecimientos
traumáticos o dolorosos que le hacen sufrir,
¿qué recursos ofrece la sociedad al niño
(englobando los diferentes sistemas de
Bronfenbrenner) para que éste pueda hacer frente
a los inevitables “golpes de fortuna” que
sufrirá?
(1) Volvemos con esta pregunta al concepto
de resiliencia.
La siguiente frase
extraída del texto de Boris Cyrulnik, me
da pie a hablar sobre la importancia del afecto
en el desarrollo del niño: “la
gran antropóloga Margaret Mead se oponía a esta
hipótesis sosteniendo que los niños no tenían
necesidad de afectividad para crecer,
y que «los estados de carencia se relacionan
sobre todo con el deseo de impedir que estas
mujeres trabajen»”. La teoría psicológica,
modelada según los cánones del pensamiento
científico occidental, ha dado demasiada
importancia al estudio de los procesos
cognitivos y menos a los emocionales, y ello, a
repercutido en las teorías sobre cómo se
desarrolla el niño. Actualmente, se sabe que el
mundo emocional (los sentimientos), se asienta
en los fundamentos de la vida psíquica de los
niños y de las personas y que los trastornos
profundos de la psique no son de tipo cognitivo
sino emocional. Cuando las criaturas llegan a
este mundo, lo hacen entrando en el mundo social
y vinculándose afectivamente a las personas que
los acogen. Además, sólo el niño en el que se
cultiva una vida emocional rica está dispuesto
para relacionarse con los otros de forma
emocional a la vez que cognitiva.
El ámbito
primordial del niño es la familia
(microsistema), es en su seno en donde éste se
desarrolla y socializa en su primera etapa. La
familia, los padres, regulan la vida infantil
(socializan), modelando y guiando el
comportamiento de sus hijos, y aquello que
orienta la actividad socializadora de los padres
son las creencias, los valores y objetivos que
éstos tienen. La sociedad postcapitalista que
antes mencionaba ejerce aquí su influencia
reproduciendo los patrones sociales, ya que, muy
posiblemente, los padres estén impregnados por
los valores, creencias y objetivos generales
inherentes al macro-sistema. Esa socialización
se produce de tres maneras: por un lado, a
través del aprendizaje, lo que equivale a
las reglas elementales de tratamiento,
convivencia y comportamiento. A medida que las
criaturas crecen y adquieren las habilidades
motrices, se les enseña a vestirse, a lavarse,
etc. La segunda forma es a través del control,
el proceso a través del cual los padres inculcan
las conductas socialmente aceptadas; los
vigilan, los corrigen y, finalmente los
castigan. Generalmente el aprendizaje de los
niños se produce tanto por observación
(imitación), como por castigo y recompensa. Por
último, la socialización familiar también se
lleva a cabo a través de la conversación.
Ésta es un ingrediente necesario para la
socialización de todas sus dimensiones, la
cognitiva, la emocional y su ajuste social.
Además, es necesario que la conversación se
prolongue a lo largo de la primera, la segunda
infancia y la adolescencia. Es importante
advertir que los tres tipos de mecanismos están
estrechamente vinculados, ya que todos tienen
lugar a la vez y unos se complementan con los
otros.
En cuanto
a la socialización mediante la conversación, hay
que añadir que ésta se suele sustituir, cada vez
más, por la televisión. Hoy empezamos a tomar
conciencia de que los medios audiovisuales están
tomando el relevo a la palabra para convertirse
en inculcadores de patrones de conducta a través
de la imagen. A través de los “medios”, se crean
representaciones, se inculcan normas, se ofrecen
modelos, etc. La televisión es accesible en
cualquier momento dentro de la casa, mientras
que los padres a veces no son tan accesibles (el
trabajo), y, además, puede ser que los padres
faciliten el acceso a la televisión para que los
niños estén entretenidos y que así, los padres,
queden libres. Todo esto convierte a la
televisión en un agente socializador autóctono
dentro de la propia casa.
Por
último, en cuanto al papel socializador de la
familia, hay que tener en cuenta que la familia
nuclear tradicional está en decadencia, en
crisis. Las estadísticas de divorcio en el mundo
occidental son elocuentes en este sentido. En
España está alrededor del 50%. La manera como
influirá la separación de los padres en la
socialización y la formación de la personalidad
de los niños es un tema abierto a la
investigación.
Otro
ámbito importante de socialización es la
escuela, lugar dónde, como muchos autores
señalan, el niño se inicia en nuevos roles
sociales, en maneras de actuar típicas. En la
escuela se produce, de manera inconsciente, un
traspaso constante de significaciones
culturales, y entre ellas encontramos la
competitividad, la racionalidad frente a la
emotividad, la eficiencia productiva, etc. Todos
ellos dictados desde el macrosistema. Dentro de
la escuela encontramos también la socialización
a través de las amistades, la cual es
contemplada como una socialización “horizontal”,
al contrario que en la escuela con los
profesores o con los padres, considerada
“vertical”. Este criterio atiende a
consideraciones jerárquicas que influyen mucho
en la manera como se comporta el niño. Algunas
de las habilidades que el niño desarrolla con
los amigos, son la negociación, el compromiso,
la conformidad, el lideraje, etc. Por otro lado,
las amistades son también como “ventanas” al
mundo de las significaciones culturales. A
partir de los años de preescolar, los niños
empiezan a darse cuenta de que muchas cosas que
pasan en las familias de sus amigos, los hábitos
de vida así como los criterios y normas que
rigen las relaciones intra-familiares son
diferentes a las suyas. Por último decir, que el
grupo de compañeros de edad similar al niño
tiene un papel sumamente importante en la
iniciación de la vida social.
Hasta el
momento he mencionado los agentes socializadores
más importantes, todos ellos construyen a la
persona y lo hacen, básicamente, a través de su
propia interacción. El lenguaje es el vehículo
de transmisión de significados culturales y de
la creación en la mente del niño de los esquemas
interpretativos que son el soporte esencial para
orientar el proceso de pensar del mismo. Todo
este proceso dota al niño que crece, de una
serie de recursos propios para orientar su
conducta, adaptarse al medio y hacer frente a
los obstáculos que se le presentan cada día
(resiliencia)
Como ya he
mencionado, el niño se construye en un grupo
social (familia, amigos, escuela, etc.) y uno de
los efectos de esa interacción social es el
surgimiento de la identidad. Ésta, como
señala Adolfo Perinat, es “la representación
vivenciada de que cada uno ha de ser una persona
significativa para los demás dentro de un
contexto social”. Por vivenciada se
quiere indicar que la identidad no es una mera
representación de tipo cognitivo; es sobretodo,
un “sentimiento de identidad”: sentirse una
persona, alguien entre los otros.
Significativa, quiere decir, que uno se
reconoce y es reconocido como distinto,
singular, por los otros y entre los otros. Ahora
bien, el yo se concibe en la relación social y
las personas viven inmersas en ésta, la
formación de la identidad también se extenderá a
lo largo de la vida. Por lo tanto, se puede
decir que la identidad es siempre la misma y a
pesar de todo, diferente a lo largo del tiempo.
El desarrollo de la actividad comporta integrar
en el núcleo íntimo del sujeto las experiencias
significativas de la vida. Esta integración,
fruto de una selección y una interpretación, se
expresa de manera narrativa: una “historia de
vida”. Por último, decir que la selección y el
“sentido de la vida” guardan estrecha relación
con los valores que las personas asumen.
En cuanto
a los valores, son una dimensión esencial de los
sistemas de significación cultural. Éstos, no
son objeto de inculcación directa por parte de
los padres y los otros agentes de socialización,
sino que son producto de una “destilación” de
las normas. La insistencia o gravedad con que
los padres o los agentes les imponen o proponen,
da, a los niños, una medida del valor de las
acciones, además, los niños extraen los valores
de las maneras de comportarse de los actores
sociales. Según la perspectiva ecológica, cada
ámbito incluye actividades, relaciones y roles.
Estos tres aspectos interfieren entre si
constantemente y los ámbitos están “diseñados”
según las actividades o tareas que se llevan a
término. Esto es lo que se denomina
organización funcional del espacio. Esta
organización del espacio y la manera de
interactuar en él, hace que surja un tipo u otro
de identidad. En función de las actividades que
se lleven a término, los roles que los
individuos adoptan y las personas que integran
ese espacio configuran la manera como el niño se
verá a sí mismo, dado que lo hará en función de
las personas con las que esté. Esas actividades
tienen unos objetivos que a su vez están
impregnados de valores, así que gracias al
lenguaje (la comunicación) entre los individuos
y su interacción, el niño va construyendo una
identidad que llevará un “sentido de vida”. Dado
que el lenguaje es el instrumento por excelencia
de expresión de aquello simbólico, la identidad
también es un producto simbólico. Podemos decir,
en cierta manera, que somos lo que hacemos, así
que las actividades que llevamos a cabo nos
construyen.
Por último
cabe mencionar dos aspectos fundamentales en la
construcción de la identidad, por un lado está
el tema del desarrollo de la consciencia
y, por el otro, el del afecto. En cuanto
al primero, ¿cómo y cuando emerge esta
enigmática capacidad de verse a sí mismo, en el
sentido de “tener consciencia”? Como toda
capacidad emergente no se manifiesta un buen día
con toda su plenitud, sino que surge tenuemente.
La conciencia de uno mismo es un fenómeno ligado
a la relación interpersonal y al lenguaje.
(2) Cuando el niño actúa, produce efectos, y
al observarlos prueba de reproducirlos. Empieza
a ver un nexo de unión de causa-efecto. Piaget
nos dice que en este actuar del niño, se
despliega progresivamente en él una
consciencia de agente, que se va perfilando
a medida que avanza el desarrollo sensoriomotor.
Con los avances en el control de la acción se
genera en los niños una especie de actitud
“contemplativa” hacia las cosas. La psicología
del desarrollo está de acuerdo con que este
“distanciamiento” o mirada contemplativa
progresivo delante del mundo circundante, propio
del observador, es uno de los requisitos para
que emerja la identidad, el yo. Por lo tanto, el
desarrollo de la propia consciencia del mi
mismo, permite la construcción de la identidad.
En cuanto
al segundo punto, la criatura busca la mirada
(la percepción visual) de los otros y ésta, está
ligada a la acción, por lo tanto, hablar de la
mirada del otro es lo mismo que hablar de una
manera específica de acción del otro sobre el
niño: de evaluación, de acogida o rechazo, de
confirmación o negación, etc. En todos estos
casos, la mirada es una manera de relación.
Ésta, cuando se teje y se mantiene una sintonía
de motivos (una corriente empática), está
impregnada de afecto, y por esto, es generadora
de vínculos. La psicología contemporánea, al
reflexionar sobre la formación de la identidad,
ha puesto de relieve la importancia de las
vinculaciones personales en su constitución, no
solamente en los pequeños, sino en las personas
de todas las edades. La identidad se desarrolla
en la medida que el niño está con otras
personas, y continúa afirmándose en la
adolescencia y la madurez, a través de las
relaciones amorosas.
En
resumen, vemos que la afectividad en la
construcción de la identidad es necesaria por
los vínculos que se tejen en la relación. Esa
relación tiene lugar en un ámbito, a través de
unas actividades en las que los individuos
adoptan roles gracias a la interacción. El niño,
a medida que desarrolla su sistema sensoriomotor
y éste madura, aprende a observar (contemplar)
las relaciones de causa-efecto y emerge de ese
desarrollo la conciencia de si mismo. Gracias a
esa conciencia el niño configura su lugar en el
grupo social perfilando así su identidad. El
afecto, es un elemento esencial para la
constitución de esa identidad ya que impregna
las relaciones y es de estas relaciones de dónde
ésta surge.
Una vez
visto esto, podemos volver al artículo de Boris
Cyrulnik y, en concreto, a la cita ya mencionada
de Margaret Mead.
Se hace
patente después de analizar la construcción del
individuo la necesidad de la relación afectiva.
Por lo tanto, la cita de Mead queda desfasada.
El texto de Cyrulnik
menciona a John Bowlby
como uno de los primeros, en los años cincuenta,
a hacer referencia a esa necesidad de relación
afectiva entre madre/hijo. “consiguió
despertar las mas vehementes pasiones al
proponer que el paradigma de la relación entre
la madre y su hijo viene definida en todos los
seres vivos, ya sean humanos o animales, por el
concepto de vínculo afectivo”.
Es a través de todo el
proceso de socialización y desarrollo como el
niño adquiere recursos internos, y por éstos
entiendo, aquella forma de pensar y las
actividades que puede llevar a cabo, que le
permiten al niño-adolescente superar las crisis,
fortaleciéndose cada vez que sale de una.
Volvemos al término resiliencia, la capacidad de
hacer frente a las dificultades de la vida.
Boris
Cyrulnik dice en el texto, “Aún
hay personas entre nosotros que piensan que el
sufrimiento psíquico es un signo de debilidad,
una degeneración. Si creemos que sólo los
hombres de buena factura pueden superar los
golpes de la fortuna mientras que los cerebros
débiles han de sucumbir a ellos, nos
encontraremos con que la actitud terapéutica que
semejante representación justifique consistirá
en reforzar el cerebro mediante sustancias
químicas o descargas eléctricas.”.
Cuando anteriormente he comentado el papel de la
genética en el desarrollo, creo que, en relación
a este párrafo, es obvio ya a estas alturas que
el sufrimiento no es tanto como consecuencia de
la biología como del entorno en el que una
persona se construye.
(3) No obstante, sí creo preciso señalar que
de alguna manera el metabolismo y las reacciones
que tienen lugar en nuestro cerebro pueden
afectar sustancialmente nuestro estado de ánimo.
(4)
Por otro lado,
Cyrulnik dice: “Pero
si concebimos que un hombre no puede
desarrollarse mas que tejiéndose con otro,
entonces la actitud que mejor contribuirá a que
los heridos reanuden su desarrollo será aquella
que se afane por descubrir los recursos internos
que impregnan al individuo, y, del mismo modo,
la que analice los recursos externos que se
despliegan a su alrededor”. De la anterior
cita me gustaría comentar que la conciencia se
encuentra detrás del proceso que menciona. Por
un lado, la relación facilita la toma conciencia
de la propia situación gracias al otro (si éste
nos ayuda); por el otro, el individuo que
desarrolla la conciencia sobre si mismo,
comienza un proceso de introspección, de
autoconocimiento que le lleva a “cicatrizar” las
heridas, gracias, en parte, a la comprensión del
problema. También, gracias a la interacción por
ejemplo, niños (o personas adultas) con
carencias afectivas pueden aprender aquellos
aspectos del mundo emocional para éstos
anteriormente desconocidos. El desarrollo de la
conciencia permite al individuo, no sólo
desarrollar su identidad, sino también tomar
perspectiva de su situación (espacio-temporal)
en relación al exterior, y la vida en sí, lo que
facilita el desarrollo de la resiliencia.
Retomando de nuevo la
teoría Sistémica y la resiliencia que en un
inicio he mencionado, cabe comentar que del
mismo modo que el individuo es capaz de
controlar la respiración (haciéndola
consciente), y modificar así su ritmo y
profundidad, como dejarla a manos del sistema
autónomo, también puede aprender gracias a la
capacidad de agencia del individuo (su
consciencia) tomar las riendas en el sistema e
influir en la dirección en la que éste se
desarrolla. Como nos dice Daniel Goleman,
“el hecho de tomar conciencia del dominio de
los sentimientos puede tener un efecto similar
al que provoca un observador en el mundo de la
física cuántica, es decir, transformar el objeto
de observación”.
(B) La resiliencia tiene mucho que ver con
la capacidad de auto-observación y la
utilización de los recursos tanto internos como
externos para superar las dificultades. Saber
dónde está uno implica forzosamente explicar (a
uno mismo y a los otros) cómo ha llegado hasta
allí. Es importante hacer consciente aquello
inconsciente (gracias a la observación), como
los valores que tenemos, la forma como actuamos,
las influencias que hemos recibido y que nos han
construido (gracias a los agentes
socializadores), para entendernos y,
posteriormente, intentar reorientarnos.
“El
simple hecho de constatar que un cierto numero
de niños traumatizados resisten a las pruebas
que les toca vivir, utilizándolas incluso en
ocasiones para hacerse más humanos...”
Por último, en cuanto a estas dos líneas, decir
que el sufrimiento personal puede hacer del
sufrimiento ajeno algo cercano, ponerse en el
lugar del otro para comprenderlo mejor. En una
palabra, mayor sensibilidad a las
cuestiones ajenas. El sufrimiento nos hace
humanos porque es más fácil comprender la
condición de aquellos que también sufren. Gandhi
es uno de esos ejemplos. Un gigante espiritual
que como dijo Einstein: “las generaciones
venideras nunca creerán que un hombre así se
haya paseado alguna vez por la Tierra”.
“Esta nueva actitud ante las
pruebas de la existencia nos invita a considerar
el traumatismo como un desafío”(Cyrulnik)
Las palomas no podrían volar si el aire no
ejerciese una resistencia en sus alas. (Panikkar).
Notas:
Nota 1:
Noticia publicada en el Europa Press, el día 10
de abril de 2002, en Madrid: “Expertos
alertan del aumento de los problemas adaptativos
de los niños porque los padres no les dedican
bastante tiempo.
La doctora Arroba aseguró que
"los cambios sociales y de costumbres se
reflejan en la crianza de los hijos, los cuales
han aumentado sus problemas adaptativos y tienen
mayores trastornos del sueño y alimentarios". En
este sentido, la pediatra indicó que el ritmo de
vida actual caracterizado por las prisas "es la
causa fundamental por la que los padres no
dedican el tiempo necesario para que los niños
exploren el medio en el que viven y aprendan a
hacer las cosas ellos mismos, aunque tarden y
cometan errores". Así, ahora los niños aprenden
más tarde a realizar las actividades diarias
como comer, atrase los zapatos y vestirse, por
lo que "los padres deben potenciar la
independencia y autonomía".
Nota 2: Gracias al
lenguaje podemos interiorizar el orden social,
la alteridad y la aliedad, esto permite el
diálogo interior y la aplicación íntima de la
función directiva (señalizadora, conativa) del
lenguaje. Gracias a la interiorización de la voz
ajena (del padre o de la madre, pongamos) los
niños aprenden a darse órdenes a sí mismos,
desarrollan una especie de juez interior (Freud
le llamó Super-yo) con el que el yo discute. El
pensamiento nace de este diálogo interior. Y
ese juez es la consciencia.
Nota 3: En el
Budismo existen las llamadas Cuatro Nobles
Verdades de Buda, que constituyen el núcleo de
la doctrina. La primera de ellas hace referencia
al sufrimiento y nos dice que forma parte de la
vida, del ciclo completo de la existencia (samsara)
y que procede del karma (acción-reacción) y de
la ilusión. Con esto quiero decir que todo el
mundo sufre, algunos más y otros menos, pero la
existencia es inevitablemente sufrimiento. Pero
dada la dualidad de todo, el sufrimiento tiene
su opuesto en la felicidad, el Nirvana.
Nota 4: En este
párrafo copiado del libro El Poder energético de
los alimentos
(E), nos viene a decir que en cierta manera
nuestra actividad cerebral y consecuente estado
interno dependen en parte de la química, por
tanto de la biología. “Los neurotransmisores
que controlan nuestra vida intelectual y
afectiva no nacen por generación espontánea,
sino que se construyen por transformación
enzimática a partir de las cadenas de
aminoácidos. La mayoría de estos aminoácidos se
hallan presentes en la alimentación bajo una
forma u otra. Lo cual nos indica que podemos
elaborar una estrategia alimentaria que nos
permita fomentar la actividad de tal
neurotransmisor antes que la de tal otro”.
Nota 5:
El doctor Lalit es profesor de una de las
escuelas de negocios más prestigiosas del mundo
(Asian Institute of
Technology, Bangkok), por delante de la
“top” americana Kelog-Wharton y de la China
European International Business School. Su gran
estrategia: humanizar la empresa. Nacido
en una familia hindú, en Nueva Delhi en 1949.
Experto en estrategia y marketing internacional.
La cita está extraída del periódico La
Vanguardia, con fecha 2001 en la sección La
Contra.
Bibliografía:
A)
Apuntes de la asignatura: Fundamentos Sociales
del Comportamiento Humano. Módulo 6, Sociología
del conocimiento y de la ciencia, por Florencio
Jiménez Burillo.
B)
Inteligencia Emocional.
Daniel Goleman. Ed. Kairós.
1995 - Pág. 14
C)
Historia de la Psicología.
Principales corrientes en el pensamiento
psicológico. Thomas Hardy
Leahey.
Ed. Prentice Hall.
D) Budismo Zen.
Daisetz T.Suzuki. Ed. Kairós.
E)
El Poder Energético de los alimentos.
La extraordinaria
influencia de los alimentos sobre nuestra mente.
Ed. Robin Book.
Obra
dirigida por Robert Dehin con la colaboración de
Jocelyne Aubry y Jacques Godon.
F) Texto de Boris
Cyrulnik, Hay que aprender a observar para
evitar la belleza de las metáforas.
Los patitos
feos. Gedisa, Barcelona, 2002.
Para el concepto de Resiliencia.
http://www.geocities.com/~jguymuse/resil.html
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