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¿A qué se debe que
la Inteligencia Emocional (IE) esté en boca de
tantos profesionales?. ¿Por qué iban a
preocuparse por las emociones?. En una sociedad
en donde el trabajo es para ayer, y cada segundo
que pasa es un coste de oportunidad, ¿puede
existir tiempo para tener en cuenta a las
emociones?. El incremento de la feroz
competencia a nivel empresarial, efecto de la ya
tan conocida globalización, nos ha llevado a
entrar desde hace un par de años en una dinámica
de fusiones, reorganizaciones y adquisiciones
empresariales. Todo ello se traduce en una sola
palabra, cambio, y hoy, se hace más presente que
nunca. ¿De qué manera la aceleración, el
materialismo y la superficialidad actual, junto
con unos valores que cada vez más brillan por su
ausencia, están afectando al rendimiento
personal?
Parece que la IE y todo lo
que de ella se deriva está en el punto de mira
de la mayor parte de las empresas. ¿A qué se
debe ese interés?, la respuesta, está muy
relacionada con el rendimiento empresarial. El
sentimiento de seguridad y estabilidad emocional
es totalmente necesario para poder obtener un
buen rendimiento profesional. Cuando la
incertidumbre acecha, la ecuanimidad emocional
tiende a esfumarse, provocando así, que la mente
se convierta en nuestro mayor enemigo al
impedirnos ser competentes en nuestro trabajo.
El marco empresarial y social actual no es muy
propicio para generar este tipo de sentimientos,
es más bien a la inversa, genera una ansiedad y
un estrés que dificulta y obstaculiza su
manifestación.
Parece pues normal, que
dadas las condiciones sociales y laborales
actuales, los empresarios se preocupen por las
emociones de sus empleados, pero no como un acto
altruista, no, sino como un problema que afecta
al rendimiento económico de su empresa. Desde la
publicación del libro sobre la IE de Daniel
Goleman, parece como si ésta fuese la panacea
que va a permitir resolver ese problema de
motivación y rendimiento económico. El término
IE fue acuñado por Salovey y Mayer en los años
90, sin embargo, el contenido del mismo tiene
más de 2.500 años. Al lo largo del tiempo, el
concepto de la IE ha adquirido varias
denominaciones como PNL, pensamiento positivo,
terapia Gestalt, etc., por tanto, es fácil
preguntarse si la IE es una moda, ¿no será el
mismo perro con diferente collar?.
La esencia del concepto de
la IE (si se profundiza un poco en él) es tan
antigua como la búsqueda del autoconocimiento
profesada por Sócrates (conócete a ti mismo) o
la época de Buda. Personalmente asocio la IE con
el desarrollo personal, y, yendo un poco más
lejos, con la espiritualidad (entendida como el
cultivo y el desarrollo de las cualidades del
ser humano que nos permiten conquistar la paz
interior). Cuando existe paz, existe armonía,
motivación y alegría, y esto es indispensable
para rendir en un puesto profesional.
Volviendo al título del
artículo, ¿una moda o una necesidad?. A mi
parecer, es una moda que encubre una necesidad.
Ahora bien, el lector podría preguntarse si ésta
es empresarial o individual. Creo que debido al
tipo de relación existente entre ambas (muy
dependientes una de la otra), se reduce todo a
una única necesidad, la de HUMANIZACIÓN. En
otras palabras, reflexionar sobre el rumbo que
está tomando esta sociedad y actuar en
consecuencia; cultivar las cualidades del
hombre, la tolerancia, el respeto, la
comprensión y la paciencia; una “revolución
espiritual” como defiende el Dalai Lama, es
realmente una necesidad.
Es esperanzador observar
que dentro de esta desalentadora sociedad, tan
superficial y materialista, existan directivos
como el
Dr. Lalit M. Johri que apuesten por la
utilización del pensamiento de Buda, Confucio,
Descartes, Gandhi., en la gestión empresarial:
“una empresa humanizada rinde más”;
“un gerente espiritualmente avanzado hará
avanzar la empresa”. Personas así son un haz
de luz que emerge de una sociedad miope en el
sentido existencial.
“El desafío a las hipótesis y
supuestos básicos es esencial para el progreso”
afirma Eliyahu M. Goldratt. ¿No será hora de
introducir la variable espiritualidad en la
dirección empresarial?
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