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La resiliencia como motor y la conciencia como herramienta de evolución.

 

@ Pepón Jover del Pozo

 

+ jjover@copc.es

 

Documento elaborado para la asignatura de "Psicología del Desarrollo I" en la Universidad la UOC en junio del 2002. Está basado en un texto de Boris Cyrulnik, "Los patitos feos".

 

 

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A modo de introducción, decir que la columna vertebral de este trabajo está en el concepto de resiliencia. Es a través de él como he ido tejiendo la estructura y el hilo argumental del documento, dado que considero que, por un lado, resume el artículo de Boris Cyrulnik y, por el otro, da pie a considerar las cuestiones relativas al desarrollo de la persona. El concepto de resiliencia hace referencia a la capacidad humana de hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas y salir de ellas fortalecido e, incluso, ser transformado positivamente por ellas (Grotberg, 1996). En otras palabras, la resiliencia es la capacidad de reaccionar positivamente a pesar de las dificultades, y la posibilidad de construir basándonos en las fuerzas propias del ser humano. No consiste sólo en sobrevivir a las circunstancias, sino que es tener la capacidad de usar la experiencia derivada de las situaciones adversas para proyectar el futuro. Para tal fin, pienso que es necesario desarrollar una serie de habilidades y adquirir un abanico de recursos internos que nos den la motivación, la serenidad y la constancia necesarias para no quedarnos en el intento.   

El primer aspecto a considerar en el análisis del texto, es la diferencia existente entre el método de estudio e investigación en las ciencias sociales y las ciencias naturales, porque condicionan la manera de entender el desarrollo y el comportamiento humano. La psicología como ciencia, al constituirse como tal a finales del siglo XIX con Wilhelm Wundt, entre otros, lo hacía derivando de la Biología, la Filosofía y la Fisiología (C) Los “saberes” acabados de nacer, como la psicología, si querían ser científicos, tenían que imitar los procedimientos de las ciencias ya consagradas, como la física y la química, de manera que sus métodos de estudio “descubriesen” las leyes del comportamiento social, predijesen futuros acontecimientos, etc. Era preciso buscar leyes de causa-efecto como ocurre en las ciencias naturales, lo que nos lleva a cierto determinismo en el campo de las ciencias sociales.

Los padres fundadores de las ciencias sociales optaron mayoritariamente por este camino; fue el caso de Comte, Durkheim, Wundt, Fechner y Freud. Pero por otro lado, había otros ilustres autores que vieron que las ciencias sociales tenían que adecuar sus métodos a sus objetos de estudio específicos: los seres humanos. Las ciencias sociales sostienen que no se pueden estudiar con idénticos métodos que los utilizados por las ciencias naturales. En la naturaleza hay cusas; en las acciones humanas, razones; en la naturaleza hay azar o necesidad; en las conductas humanas, libertad; en el mundo natural no hay valores, en el ámbito social sí. Explicamos los movimientos de los astros y de las moléculas, pero comprendemos las acciones de los seres humanos (Florencio Jiménez) (A) Es por ello que el estudio del ser humano no puede utilizar la misma metodología que la de las ciencias naturales. Se puede establecer una relación causal entre el calentamiento del agua y su ebullición, pero no es posible determinar las consecuencias de la misma manera en las personas, ya que éstas se construyen de forma diferente en momentos y en lugares distintos, y un mismo estímulo no tiene porque producir un mismo efecto en personas no iguales. Por lo tanto, lo que defiende Boris Cyrulnik está en esta misma línea: “de lo que se trata en la actualidad es de introducir observaciones de largo alcance, ya que los determinismos humanos se producen a corto plazo. Solo en éste se pueden constatar causalidades lineales. Cuanto mas largo es el plazo de observación, tanto más probable será que la intervención de otros factores venga a modificar los efectos observados”.

Relacionando el tipo de observación a largo plazo que propone Boris Cyrulnik con la Teoría Sistémica, podemos decir que cada individuo representa un sistema y el estado interno de éste es diferente en cada uno, así que las “perturbaciones” del exterior alteran el sistema (traducido en comportamiento) de distinta forma en cada caso; y, a largo plazo, la evolución de ambos individuos será también diferente debido a los ambientes en que éstos tomen parte, ya que las influencias que reciban de éstos alterarán el sistema en direcciones distintas, por lo tanto, los determinismos a largo plazo no son concebibles aquí, sólo a corto, como sugiere Cyrulnik.

De lo anterior podemos extraer la siguiente conclusión, en palabras de Cyrulnik:un golpe de la fortuna es una herida que se inscribe en nuestra historia, no un destino”. Por tanto, las influencias (las perturbaciones) tienen un carácter primordial en el desarrollo humano, y es gracias a éstas como podemos reorientar nuestro desarrollo consiguiendo que, un golpe de fortuna sea, como dice Cyrulnik, una herida que se inscribe en nuestra historia y no un destino. Para poder tomar “los mandos” del sistema y reconducirlo, es preciso que el individuo desarrolle su conciencia, y que, como consecuencia sea capaz de llevar a cabo la resiliencia. Entraré en esta cuestión al final, ahora me gustaría comentar cómo ese determinismo se expresó en el contexto cultural de la época (principios s.XX) y las implicaciones que ello supone en el desarrollo humano.

Como nos dice Boris, “el crecimiento de los niños se concebía con la ayuda de metáforas vegetales: si un niño crece y va ganando peso, es señal de que es una buena simiente! Esta metáfora justificaba las decisiones educativas de los adultos. En realidad, las buenas simientes no necesitan familias ni sociedades para desarrollarse. Es oportuno mencionar el caso del niño salvaje descubierto en los bosques del centro de Francia a finales del siglo XVIII para argumentar la importancia del contexto (las influencias) en el desarrollo, ya que la metáfora de las simientes me lleva a pensar en el determinismo biológico, en el debate entre lo innato/aprendido, biología/psicología. Éste, es un claro ejemplo de que la biología por sí misma no desarrolla al individuo hasta convertirlo en humano. Podemos decir que la biología tiene un papel relevante en las primeras fases del desarrollo hasta llegar a la madurez, en la cual ya se han desplegado, por decirlo de alguna manera, las capacidades motrices, perceptivas, sexuales, físicas y cerebrales. Pero, ¿qué convierte al Ser en humano? Es la convivencia en sociedad, el proceso de socialización y adquisición de la cultura, lo que hace del Ser una persona humana (Vygotsky). En consecuencia, las personas no se desarrollan de forma correcta y equilibrada por sí mismas, sin la influencia de los demás. Es más, está demostrado que genéticamente hay individuos que están más predispuestos hacia cierto tipo de habilidades, como por ejemplo, la música, las matemáticas, la destreza manual, etc., pero esas habilidades si no se estimulan no se desarrollan, así que sería como si la persona no las tuviese. Estas habilidades es lo que en Psicología de la Personalidad se denomina aptitud, término que se le atribuye a la potencialidad de los objetos o de las personas para realizar alguna cosa.

En definitiva la simiente necesita obligatoriamente de un contexto que le aporte los elementos básicos para su crecimiento y de la identificación, en primer lugar, por parte del entorno y en segundo, por el individuo consciente, de aquellas aptitudes que pueden ser desarrolladas. Por otro lado, la frase siguiente: “por lo que se refiere a las malas simientes, es preciso arrancarlas para que la sociedad recupere su virtud” habría que preguntarse, si no es tal vez la sociedad la que convierte las semillas en individuos malos y buenos. Me recuerda al Holocausto, la raza aria que pretendía Hitler, y me da pavor.  

La construcción de los individuos se teje, primordialmente en el seno familiar (microsistema), y, a medida que el niño se va desarrollando va estableciendo relaciones con el mundo exterior. Éste, puede estructurarse en tres esferas de influencia que en base a la terminología de Bronfenbrenner de su perspectiva ecológica, podemos estructurar de la siguiente manera: los diferentes microsistemas en los cuales el niño participa (familia, escuela, etc.) de forma simultánea, y que están vinculados entre sí, forman el mesosistema. Los ámbitos en los que la criatura no participa pero que influyen en su desarrollo se denomina el mesosistema, y, por último, el macrosistema, que equivale a las instituciones económicas y políticas en la esfera nacional como también las grandes orientaciones ideológicas de la sociedad (sistema de valores) que inciden poderosamente en el desarrollo del niño. ¿Qué fenómeno es el que transmite la cultura que impregna todos los ámbitos de desarrollo? La socialización, el proceso mediante el cual el niño aprende e interioriza, en el transcurso de su vida, los elementos socioculturales de su medio ambiente, los integra y da estructura a su personalidad (configura su identidad), bajo la influencia de experiencias y agentes sociales significativos, para adaptarse así al entorno social (Giddens, 1991). Por lo tanto, la socialización pretende el equilibrio y ajuste entre persona-sociedad.

Me pregunto, en qué entorno se desarrollan actualmente los individuos, en qué tipo de sociedad; ¿cómo crecen hoy los niños? ¿reciben adecuadamente los elementos básicos para un  crecimiento sano?, ¿cómo les construye la sociedad? ¿con qué valores, con qué principios? La realidad social no es una cosa externa a los individuos, sino que forma parte del mundo subjetivo de las personas, de sus maneras de pensar, sentir y actuar en el mundo, y la socialización es el mecanismo de interiorización de la realidad externa. Actualmente, hay autores que defienden que nuestra sociedad es la postmodernista. Federico Onis (crítico literario), fue quién por vez primera en la década de los años treinta utilizó el término. Éste sugiere el cambio de una época a otra, implicando una interrupción en la era moderna y el surgimiento de una nueva sociedad. Las características de esta época podrían resumirse en las siguientes: el nihilismo (ausencia de verdades totalizadoras), neoindividualismo (vuelta al yo, falta de creencia en los ideales colectivos), egoísmo, inmediatismo y hedonismo (el culto al presente, buscar el placer) y subordinación de la cultura a la lógica del mercado (materialismo, sociedad consumista, superficial, competitividad). (A) Estos son algunos de los valores con los que el niño crece en nuestra actual sociedad. En base a lo anterior, cabría preguntarse lo siguiente: si la vida es difícil y dura, y todo ser humano experimenta en algún momento de su vida o a lo largo de ella acontecimientos traumáticos o dolorosos que le hacen sufrir, ¿qué recursos ofrece la sociedad al niño (englobando los diferentes sistemas de Bronfenbrenner) para que éste pueda hacer frente a los inevitables “golpes de fortuna” que sufrirá? (1) Volvemos con esta pregunta al concepto de resiliencia.

La siguiente frase extraída del texto de Boris Cyrulnik, me da pie a hablar sobre la importancia del afecto en el desarrollo del niño: “la gran antropóloga Margaret Mead se oponía a esta hipótesis sosteniendo que los niños no tenían necesidad de afectividad para crecer, y que «los estados de carencia se relacionan sobre todo con el deseo de impedir que estas mujeres trabajen»”. La teoría psicológica, modelada según los cánones del pensamiento científico occidental, ha dado demasiada importancia al estudio de los procesos cognitivos y menos a los emocionales, y ello, a repercutido en las teorías sobre cómo se desarrolla el niño. Actualmente, se sabe que el mundo emocional (los sentimientos), se asienta en los fundamentos de la vida psíquica de los niños y de las personas y que los trastornos profundos de la psique no son de tipo cognitivo sino emocional. Cuando las criaturas llegan a este mundo, lo hacen entrando en el mundo social y vinculándose afectivamente a las personas que los acogen. Además, sólo el niño en el que se cultiva una vida emocional rica está dispuesto para relacionarse con los otros de forma emocional a la vez que cognitiva.

El ámbito primordial del niño es la familia (microsistema), es en su seno en donde éste se desarrolla y socializa en su primera etapa. La familia, los padres, regulan la vida infantil (socializan), modelando y guiando el comportamiento de sus hijos, y aquello que orienta la actividad socializadora de los padres son las creencias, los valores y objetivos que éstos tienen. La sociedad postcapitalista que antes mencionaba ejerce aquí su influencia reproduciendo los patrones sociales, ya que, muy posiblemente, los padres estén impregnados por los valores, creencias y objetivos generales inherentes al macro-sistema.  Esa socialización se produce de tres maneras: por un lado, a través del aprendizaje, lo que equivale a las reglas elementales de tratamiento, convivencia y comportamiento. A medida que las criaturas crecen y adquieren las habilidades motrices, se les enseña a vestirse, a lavarse, etc. La segunda forma es a través del control, el proceso a través del cual los padres inculcan las conductas socialmente aceptadas; los vigilan, los corrigen y, finalmente los castigan. Generalmente el aprendizaje de los niños se produce tanto por observación (imitación), como por castigo y recompensa. Por último, la socialización familiar también se lleva a cabo a través de la conversación. Ésta es un ingrediente necesario para la socialización de todas sus dimensiones, la cognitiva, la emocional y su ajuste social. Además, es necesario que la conversación se prolongue a lo largo de la primera, la segunda infancia y la adolescencia. Es importante advertir que los tres tipos de mecanismos están estrechamente vinculados, ya que todos tienen lugar a la vez y unos se complementan con los otros.

En cuanto a la socialización mediante la conversación, hay que añadir que ésta se suele sustituir, cada vez más, por la televisión. Hoy empezamos a tomar conciencia de que los medios audiovisuales están tomando el relevo a la palabra para convertirse en inculcadores de patrones de conducta a través de la imagen. A través de los “medios”, se crean representaciones, se inculcan normas, se ofrecen modelos, etc. La televisión es accesible en cualquier momento dentro de la casa, mientras que los padres a veces no son tan accesibles (el trabajo), y, además, puede ser que los padres faciliten el acceso a la televisión para que los niños estén entretenidos y que así, los padres, queden libres. Todo esto convierte a la televisión en un agente socializador autóctono dentro de la propia casa.

Por último, en cuanto al papel socializador de la familia, hay que tener en cuenta que la familia nuclear tradicional está en decadencia, en crisis. Las estadísticas de divorcio en el mundo occidental son elocuentes en este sentido. En España está alrededor del 50%. La manera como influirá la separación de los padres en la socialización y la formación de la personalidad de los niños es un tema abierto a la investigación.

Otro ámbito importante de socialización es la escuela, lugar dónde, como muchos autores señalan, el niño se inicia en nuevos roles sociales, en maneras de actuar típicas. En la escuela se produce, de manera inconsciente, un traspaso constante de significaciones culturales, y entre ellas encontramos la competitividad, la racionalidad frente a la emotividad, la eficiencia productiva, etc. Todos ellos dictados desde el macrosistema. Dentro de la escuela encontramos también la socialización a través de las amistades, la cual es contemplada como una socialización “horizontal”, al contrario que en la escuela con los profesores o con los padres, considerada “vertical”. Este criterio atiende a consideraciones jerárquicas que influyen mucho en la manera como se comporta el niño. Algunas de las habilidades que el niño desarrolla con los amigos, son la negociación, el compromiso, la conformidad, el lideraje, etc. Por otro lado, las amistades son también como “ventanas” al mundo de las significaciones culturales. A partir de los años de preescolar, los niños empiezan a darse cuenta de que muchas cosas que pasan en las familias de sus amigos, los hábitos de vida así como los criterios y normas que rigen las relaciones intra-familiares son diferentes a las suyas. Por último decir, que el grupo de compañeros de edad similar al niño tiene un papel sumamente importante en la iniciación de la vida social.

Hasta el momento he mencionado los agentes socializadores más importantes, todos ellos construyen a la persona y lo hacen, básicamente, a través de su propia interacción. El lenguaje es el vehículo de transmisión de significados culturales y de la creación en la mente del niño de los esquemas interpretativos que son el soporte esencial para orientar el proceso de pensar del mismo. Todo este proceso dota al niño que crece, de una serie de recursos propios para orientar su conducta, adaptarse al medio y hacer frente a los obstáculos que se le presentan cada día (resiliencia)

Como ya he mencionado, el niño se construye en un grupo social (familia, amigos, escuela, etc.) y uno de los efectos de esa interacción social es el surgimiento de la identidad. Ésta, como señala Adolfo Perinat, es “la representación vivenciada de que cada uno ha de ser una persona significativa para los demás dentro de un contexto social”. Por vivenciada se quiere indicar que la identidad no es una mera representación de tipo cognitivo; es sobretodo, un “sentimiento de identidad”: sentirse una persona, alguien entre los otros. Significativa, quiere decir, que uno se reconoce y es reconocido como distinto, singular, por los otros y entre los otros. Ahora bien, el yo se concibe en la relación social y las personas viven inmersas en ésta, la formación de la identidad también se extenderá a lo largo de la vida. Por lo tanto, se puede decir que la identidad es siempre la misma y a pesar de todo, diferente a lo largo del tiempo. El desarrollo de la actividad comporta integrar en el núcleo íntimo del sujeto las experiencias significativas de la vida. Esta integración, fruto de una selección y una interpretación, se expresa de manera narrativa: una “historia de vida”. Por último, decir que la selección y el “sentido de la vida” guardan estrecha relación con los valores que las personas asumen.

En cuanto a los valores, son una dimensión esencial de los sistemas de significación cultural. Éstos, no son objeto de inculcación directa por parte de los padres y los otros agentes de socialización, sino que son producto de una “destilación” de las normas. La insistencia o gravedad con que los padres o los agentes les imponen o proponen, da, a los niños, una medida del valor de las acciones, además, los niños extraen los valores de las maneras de comportarse de los actores sociales. Según la perspectiva ecológica, cada ámbito incluye actividades, relaciones y roles. Estos tres aspectos interfieren entre si constantemente y los ámbitos están “diseñados” según las actividades o tareas que se llevan a término. Esto es lo que se denomina organización funcional del espacio. Esta organización del espacio y la manera de interactuar en él, hace que surja un tipo u otro de identidad. En función de las actividades que se lleven a término, los roles que los individuos adoptan y las personas que integran ese espacio configuran la manera como el niño se verá a sí mismo, dado que lo hará en función de las personas con las que esté. Esas actividades tienen unos objetivos que a su vez están impregnados de valores, así que gracias al lenguaje (la comunicación) entre los individuos y su interacción, el niño va construyendo una identidad que llevará un “sentido de vida”. Dado que el lenguaje es el instrumento por excelencia de expresión de aquello simbólico, la identidad también es un producto simbólico. Podemos decir, en cierta manera, que somos lo que hacemos, así que las actividades que llevamos a cabo nos construyen.

Por último cabe mencionar dos aspectos fundamentales en la construcción de la identidad, por un lado está el tema del desarrollo de la consciencia y, por el otro, el del afecto. En cuanto al primero, ¿cómo y cuando emerge esta enigmática capacidad de verse a sí mismo, en el sentido de “tener consciencia”? Como toda capacidad emergente no se manifiesta un buen día con toda su plenitud, sino que surge tenuemente. La conciencia de uno mismo es un fenómeno ligado a la relación interpersonal y al lenguaje. (2) Cuando el niño actúa, produce efectos, y al observarlos prueba de reproducirlos. Empieza a ver un nexo de unión de causa-efecto. Piaget nos dice que en este actuar del niño, se despliega progresivamente en él una consciencia de agente, que se va perfilando a medida que avanza el desarrollo sensoriomotor. Con los avances en el control de la acción se genera en los niños una especie de actitud “contemplativa” hacia las cosas. La psicología del desarrollo está de acuerdo con que este “distanciamiento” o mirada contemplativa progresivo delante del mundo circundante, propio del observador, es uno de los requisitos para que emerja la identidad, el yo. Por lo tanto, el desarrollo de la propia consciencia del mi mismo, permite la construcción de la identidad.

En cuanto al segundo punto, la criatura busca la mirada (la percepción visual) de los otros y ésta, está ligada a la acción, por lo tanto, hablar de la mirada del otro es lo mismo que hablar de una manera específica de acción del otro sobre el niño: de evaluación, de acogida o rechazo, de confirmación o negación, etc. En todos estos casos, la mirada es una manera de relación. Ésta, cuando se teje y se mantiene una sintonía de motivos (una corriente empática), está impregnada de afecto, y por esto, es generadora de vínculos. La psicología contemporánea, al reflexionar sobre la formación de la identidad, ha puesto de relieve la importancia de las vinculaciones personales en su constitución, no solamente en los pequeños, sino en las personas de todas las edades. La identidad se desarrolla en la medida que el niño está con otras personas, y continúa afirmándose en la adolescencia y la madurez, a través de las relaciones amorosas.

En resumen, vemos que la afectividad en la construcción de la identidad es necesaria por los vínculos que se tejen en la relación. Esa relación tiene lugar en un ámbito, a través de unas actividades en las que los individuos adoptan roles gracias a la interacción. El niño, a medida que desarrolla su sistema sensoriomotor y éste madura, aprende a observar (contemplar) las relaciones de causa-efecto y emerge de ese desarrollo la conciencia de si mismo. Gracias a esa conciencia el niño configura su lugar en el grupo social perfilando así su identidad. El afecto, es un elemento esencial para la constitución de esa identidad ya que impregna las relaciones y es de estas relaciones de dónde ésta surge.

Una vez visto esto, podemos volver al artículo de Boris Cyrulnik y, en concreto, a la cita ya mencionada de Margaret Mead. Se hace patente después de analizar la construcción del individuo la necesidad de la relación afectiva. Por lo tanto, la cita de Mead queda desfasada. El texto de Cyrulnik menciona a John Bowlby como uno de los primeros, en los años cincuenta, a hacer referencia a esa necesidad de relación afectiva entre madre/hijo. “consiguió despertar las mas vehementes pasiones al proponer que el paradigma de la relación entre la madre y su hijo viene definida en todos los seres vivos, ya sean humanos o animales, por el concepto de vínculo afectivo”.

Es a través de todo el proceso de socialización y desarrollo como el niño adquiere recursos internos, y por éstos entiendo, aquella forma de pensar y las actividades que puede llevar a cabo, que le permiten al niño-adolescente superar las crisis, fortaleciéndose cada vez que sale de una. Volvemos al término resiliencia, la capacidad de hacer frente a las dificultades de la vida. 

Boris Cyrulnik dice en el texto, Aún hay personas entre nosotros que piensan que el sufrimiento psíquico es un signo de debilidad, una degeneración. Si creemos que sólo los hombres de buena factura pueden superar los golpes de la fortuna mientras que los cerebros débiles han de sucumbir a ellos, nos encontraremos con que la actitud terapéutica que semejante representación justifique consistirá en reforzar el cerebro mediante sustancias químicas o descargas eléctricas.”. Cuando anteriormente he comentado el papel de la genética en el desarrollo, creo que, en relación a este párrafo, es obvio ya a estas alturas que el sufrimiento no es tanto como consecuencia de la biología como del entorno en el que una persona se construye. (3) No obstante, sí creo preciso señalar que de alguna manera el metabolismo y las reacciones que tienen lugar en nuestro cerebro pueden afectar sustancialmente nuestro estado de ánimo. (4)

Por otro lado, Cyrulnik dice: “Pero si concebimos que un hombre no puede desarrollarse mas que tejiéndose con otro, entonces la actitud que mejor contribuirá a que los heridos reanuden su desarrollo será aquella que se afane por descubrir los recursos internos que impregnan al individuo, y, del mismo modo, la que analice los recursos externos que se despliegan a su alrededor”. De la anterior cita me gustaría comentar que la conciencia se encuentra detrás del proceso que menciona. Por un lado, la relación facilita la toma conciencia de la propia situación gracias al otro (si éste nos ayuda); por el otro, el individuo que desarrolla la conciencia sobre si mismo, comienza un proceso de introspección, de autoconocimiento que le lleva a “cicatrizar” las heridas, gracias, en parte, a la comprensión del problema. También, gracias a la interacción por ejemplo, niños (o personas adultas) con carencias afectivas pueden aprender aquellos aspectos del mundo emocional para éstos anteriormente desconocidos. El desarrollo de la conciencia permite al individuo, no sólo desarrollar su identidad, sino también tomar perspectiva de su situación (espacio-temporal) en relación al exterior, y la vida en sí, lo que facilita el desarrollo de la resiliencia. 

Retomando de nuevo la teoría Sistémica y la resiliencia que en un inicio he mencionado, cabe comentar que del mismo modo que el individuo es capaz de controlar la respiración (haciéndola consciente), y modificar así su ritmo y profundidad, como dejarla a manos del sistema autónomo, también puede aprender gracias a la capacidad de agencia del individuo (su consciencia) tomar las riendas en el sistema e influir en la dirección en la que éste se desarrolla. Como nos dice Daniel Goleman, “el hecho de tomar conciencia del dominio de los sentimientos puede tener un efecto similar al que provoca un observador en el mundo de la física cuántica, es decir, transformar el objeto de observación”. (B) La resiliencia tiene mucho que ver con la capacidad de auto-observación y la utilización de los recursos tanto internos como externos para superar las dificultades. Saber dónde está uno implica forzosamente explicar (a uno mismo y a los otros) cómo ha llegado hasta allí. Es importante hacer consciente aquello inconsciente (gracias a la observación), como los valores que tenemos, la forma como actuamos, las influencias que hemos recibido y que nos han construido (gracias a los agentes socializadores), para entendernos y, posteriormente, intentar reorientarnos. 

El simple hecho de constatar que un cierto numero de niños traumatizados resisten a las pruebas que les toca vivir, utilizándolas incluso en ocasiones para hacerse más humanos...” Por último, en cuanto a estas dos líneas, decir que el sufrimiento personal puede hacer del sufrimiento ajeno algo cercano, ponerse en el lugar del otro para comprenderlo mejor. En una palabra, mayor sensibilidad a las cuestiones ajenas. El sufrimiento nos hace humanos porque es más fácil comprender la condición de aquellos que también sufren. Gandhi es uno de esos ejemplos. Un gigante espiritual que como dijo Einstein: “las generaciones venideras nunca creerán que un hombre así se haya paseado alguna vez por la Tierra”.

“Esta nueva actitud ante las pruebas de la existencia nos invita a considerar el traumatismo como un desafío”(Cyrulnik) Las palomas no podrían volar si el aire no ejerciese una resistencia en sus alas. (Panikkar).

Notas:

Nota 1: Noticia publicada en el Europa Press, el día 10 de abril de 2002, en Madrid: “Expertos alertan del aumento de los problemas adaptativos de los niños porque los padres no les dedican bastante tiempo. La doctora Arroba aseguró que "los cambios sociales y de costumbres se reflejan en la crianza de los hijos, los cuales han aumentado sus problemas adaptativos y tienen mayores trastornos del sueño y alimentarios". En este sentido, la pediatra indicó que el ritmo de vida actual caracterizado por las prisas "es la causa fundamental por la que los padres no dedican el tiempo necesario para que los niños exploren el medio en el que viven y aprendan a hacer las cosas ellos mismos, aunque tarden y cometan errores". Así, ahora los niños aprenden más tarde a realizar las actividades diarias como comer, atrase los zapatos y vestirse, por lo que "los padres deben potenciar la independencia y autonomía".

Nota 2: Gracias al lenguaje podemos interiorizar el orden social, la alteridad y la aliedad, esto permite el diálogo interior y la aplicación íntima de la función directiva (señalizadora, conativa) del lenguaje. Gracias a la interiorización de la voz ajena (del padre o de la madre, pongamos) los niños aprenden a darse órdenes a sí mismos, desarrollan una especie de juez interior (Freud le llamó Super-yo) con el que el yo discute. El pensamiento nace de este diálogo interior.  Y ese juez es la consciencia.

Nota 3: En el Budismo existen las llamadas Cuatro Nobles Verdades de Buda, que constituyen el núcleo de la doctrina. La primera de ellas hace referencia al sufrimiento y nos dice que forma parte de la vida, del ciclo completo de la existencia (samsara) y que procede del karma (acción-reacción) y de la ilusión. Con esto quiero decir que todo el mundo sufre, algunos más y otros menos, pero la existencia es inevitablemente sufrimiento. Pero dada la dualidad de todo, el sufrimiento tiene su opuesto en la felicidad, el Nirvana.

Nota 4: En este párrafo copiado del libro El Poder energético de los alimentos (E), nos viene a decir que en cierta manera nuestra actividad cerebral y consecuente estado interno dependen en parte de la química, por tanto de la biología. “Los neurotransmisores que controlan nuestra vida intelectual y afectiva no nacen por generación espontánea, sino que se construyen por transformación enzimática a partir de las cadenas de aminoácidos. La mayoría de estos aminoácidos se hallan presentes en la alimentación bajo una forma u otra. Lo cual nos indica que podemos elaborar una estrategia alimentaria que nos permita fomentar la actividad de tal neurotransmisor antes que la de tal otro”.

Nota 5:  El doctor Lalit es profesor de una de las escuelas de negocios más prestigiosas del mundo (Asian Institute of Technology, Bangkok), por delante de la “top” americana Kelog-Wharton y de la China European International Business School. Su gran estrategia: humanizar la empresa. Nacido en una familia hindú, en Nueva Delhi en 1949. Experto en estrategia y marketing internacional. La cita está extraída del periódico La Vanguardia, con fecha 2001 en la sección La Contra.

Bibliografía:

A) Apuntes de la asignatura: Fundamentos Sociales del Comportamiento Humano. Módulo 6, Sociología del conocimiento y de la ciencia, por Florencio Jiménez Burillo.

B) Inteligencia Emocional. Daniel Goleman. Ed. Kairós. 1995 - Pág. 14

C) Historia de la Psicología. Principales corrientes en el pensamiento psicológico. Thomas Hardy Leahey. Ed. Prentice Hall.

D) Budismo Zen. Daisetz T.Suzuki. Ed. Kairós.

E) El Poder Energético de los alimentos. La extraordinaria influencia de los alimentos sobre nuestra mente. Ed. Robin Book. Obra dirigida por Robert Dehin con la colaboración de Jocelyne Aubry y Jacques Godon.

F) Texto de Boris Cyrulnik, Hay que aprender a observar para evitar la belleza de las metáforas. Los patitos feos. Gedisa, Barcelona, 2002.

Para el concepto de Resiliencia. http://www.geocities.com/~jguymuse/resil.html

 

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