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La inteligencia emocional y su desarrollo.

 

@ Pepón Jover del Pozo

 

+ jjover@copc.es

 

Artículo publicado en la sección de opinión del periódico El Mundo 3/09/2000, Barcelona.

 

 

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Yo me pregunto: ¿cómo se desarrolla la inteligencia emocional? ¿cómo se adquieren todos esos hábitos tan fantásticos?. Según parece, la clave de la inteligencia emocional está en ser conscientes en cada momento de los que uno está sintiendo, para que a partir de ahí, empecemos a desarrollar el control inteligente de las emociones. Pero para ello, es preciso un proceso previo de auto-observación, de reconocimiento de las propias emociones, de su intensidad, y de cómo respondemos y actuamos ante ellas después de que aparezcan. Todo ello requiere del desarrollo de la auto-consciencia. Pero... ¿cómo se hace eso? ¿qué implica su desarrollo, así como, qué condiciones son necesarias para que el intento no se vea frustrado? y, ¿por qué a través de los citados pasos se supone que llegaremos a desarrollar tales artes?

Estos pasos, son un indicio de cómo se desarrolla esta habilidad, pero sólo eso. Parece como si hacer todo eso fuese sencillo, y bastase con haberse leído unos libros y saber la “teoría”. No se advierte que conseguir tales habilidades requiere de un gran trabajo personal, de perseverancia, así como de un gran esfuerzo y paciencia. Normalmente se suele hacer mención de lo bonito del tema, pero no de sus dificultades. ¿Cómo vamos a realizar semejante esfuerzo y tan constante sin tener desarrollada la paciencia y la perseverancia?. El ser humano es muy complejo como para generalizar algo que posiblemente sea un proceso individual. Así lo defiende J. Krishnamurti: “La Verdad es una tierra sin caminos”.

Desde mi punto de vista, existen una serie de impedimentos tanto psicológicos como culturales que pueden dificultarnos su desarrollo. Los psicológicos, tales como, los prejuicios que posee una persona sobre todo aquello que le rodea; las experiencias pasadas que condicionan nuestro comportamiento presente; la educación recibida y la formación adquirida a lo largo de los años; la idea que tenemos de nosotros, la identidad personal que nos hemos creado. Ésta, nos aporta cierta seguridad por saber al menos algo de nosotros, lo que no nos induce a un posible cambio ni lo estimula, porque todo cambio conlleva incertidumbre, lo que se traduce en inseguridad y por lo tanto inmovilidad. Culturalmente supone una dificultad adquirir una serie de hábitos y costumbres tales como la profundización en los temas, en una sociedad en la que impera la superficialidad y el materialismo y que de alguna manera ignora las emociones. Por otro lado, un factor clave para cambiar, es la reflexión, ya que implica un proceso de desarrollo mental que incide directamente en nuestra manera de actuar. Para poder reflexionar son precisas una serie de condiciones, la principal, el tiempo. Hoy en día, el tiempo es un bien escaso, con lo cual, si no tenemos tiempo para ello, ¿cómo vamos a desarrollar todas esas cualidades?

Por otro lado, pienso, que la energía (la motivación) para poder desarrollar este tipo de habilidades tiene que venir de razones espirituales, razones que estén relacionadas con nuestra propia existencia y su significado, porque debido a lo costoso que supone su desarrollo, no tardaremos en renunciar al intento. Tiene que existir una razón que nos permita trascender todos esos impedimentos psicológicos y culturales anteriormente citados para poder conseguir tales logros y progresos. Personalmente asocio el desarrollo de la inteligencia emocional con el desarrollo personal. Nuestro intento se verá frustrado en poco tiempo, si no somos lo suficientemente perseverantes para continuar el trabajo empezado y seguir durante largo tiempo, ya que todo desarrollo personal requiere de cierto periodo para dejar entrever algunos resultados.

Si pretendemos desarrollar la inteligencia emocional para fines materialistas y no espirituales, creo que no obtendremos muchos éxito, debido, posiblemente, a la incompatibilidad de procesos entre cómo se desarrolla la sociedad actualmente y las condiciones necesarias para desarrollar la inteligencia emocional. Richard Sennet en su último libro “La corrosión del carácter”, describe una sociedad en la que el lema es “nada a largo plazo” y con él, los valores como la lealtad, el compromiso, la confianza se corroen en un mundo marcado por la flexibilidad y el cambio a corto  plazo, en donde las empresas se desintegran o se fusionan y los puestos de trabajo aparecen o desaparecen, como hechos desconectados. Si la sociedad quiere resultados inmediatos y por ellos también, entendemos los obtenidos en el desarrollo personal, es muy posible que fracasemos en el intento, debida la lentitud que requiere el proceso de desarrollo interno y la impaciencia con la que esperaremos ver los primeros efectos.

Debemos ser conscientes de que hace falta algo más que la simple voluntad para poder progresar en el campo del desarrollo personal. Dado que no podemos invertir el lema nada a largo plazo e ir contra corriente, sería bueno el desarrollo de una serie de virtudes tales como la paciencia, la amistad, la humildad, la sencillez, la tolerancia, la comprensión, la compasión, el amor, en definitiva, el querer SER MEJORES PERSONAS. Creo que esto es lo que realmente nos puede impulsar desarrollar lo que ahora se llama la inteligencia emocional y consecuentemente obtener un buen rendimiento  profesional. Dice un proverbio chino “el bien obrar crea el bien estar”. Si realmente lo que andamos buscando es el sosiego interior no nos tomemos a moco de  pavo estas reflexiones.

Me sigo preguntando: ¿no será lo mismo este nuevo concepto que el desarrollo personal o incluso que la espiritualidad?. O mejor dicho, ¿no será la espiritualidad la base de la denominada inteligencia emocional?.

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