|
Esta charla la di junto con Anji Carmelo en el
Centro Borja en San Cugat, Barcelona, organizado
por Cristianisme i Justícia.
Nos encontramos en un sistema
social, en el que
predominan unos valores como son los de la
competitividad, el individualismo, el consumo
desenfrenado, el hedonismo, la excesiva
valoración de las cosas materiales y la
apariencia, etc.. Este sistema en el que nos
vemos inmersos estimula y potencia esos valores,
ya que socialmente no está mal visto y por
tanto, premia a aquellas personas que siguen ese
estilo de conducta. La valoración social,
constituye un mecanismo muy importante para
censurar o permitir ciertos estilos de vida. El
ritmo tan acelerado que se lleva suele generar
en las personas altos niveles de estrés y
ansiedad y puede derivar en ciertos trastornos
psicosomáticos, y en enfermedades más graves.
Viviendo en un contexto de
trabajo de estas características, no es difícil
plantearse cómo combinar vida personal y vida
profesional, o en el plano más espiritual, cómo
combinar la vida interior y la vida exterior. La
vida interior o la espiritualidad está
caracterizada por una actitud de búsqueda,
tanto de nuestro propio autoconocimiento, de
responder a las preguntas “quién soy
realmente”, “tiene mi vida un sentido más
trascendente”, así como la búsqueda de la
relación que tenemos con el resto del Universo o
con un Ser superior. Una búsqueda que va más
allá de lo palpable y que ahonda en una
dimensión más profunda de la existencia. Este
proceso de búsqueda implica necesariamente de
momentos de soledad, de reflexión, de confusión,
de lectura, de experimentación, de escucha,
tanto de nuestro interior (pensamientos,
sentimientos, de nuestro cuerpo, etc.) como de
lo que ocurre a nuestro alrededor, también el
poder compartir y dialogar con otras personas de
nuestras inquietudes para así avanzar.
La respuesta paulatina a las
anteriores cuestiones marcará y condicionará el
tipo de relación que tengamos con la vida
exterior, en este caso, nuestro trabajo. En el
trabajo se nos presentan muchas oportunidades
para poner a prueba nuestra integridad personal,
para manifestar nuestra vida interior, y la
conciencia, es el sentido que nos permitirá
observar cómo estamos actuando, si consecuentes
y coherentes con nuestros principios. Todos los
problemas que nos encontramos en el trabajo
pueden ser contemplados o como obstáculos o como
oportunidades, y de nuestra actitud
dependerá una opción u otra. Hay una parábola
muy bonita que dice: “las palomas no podrían
volar sin la resistencia del aire en sus alas”,
lo que nos viene a decir es que las dificultades
nos pueden servir para crecer como personas.
La empresa es un tipo especial de
organización humana, y su especificidad consiste
en que organiza la acción, el trabajo humano,
con el objetivo de crear riqueza. Nosotros
pertenecemos a las organizaciones impulsados por
dos motivaciones fundamentales, que seguro ya
conocéis, una motivación extrínseca y otra
intrínseca. La primera tiene que ver con la
remuneración que percibimos por nuestro trabajo
y la segunda, por la satisfacción que nos
produce la realización de nuestro trabajo, el
aprendizaje implícito, y nuestro consecuente
desarrollo profesional.
No obstante, podemos encontrar
una tercera motivación. Juan Antonio Pérez, Dr.
en dirección de empresas por la universidad de
Harvard, profesor y exdirector general del IESE,
en su libro Liderazgo y ética en la dirección de
empresas, habla de la motivación
trascendente. Esta motivación trascendente
tiene que ver con las consecuencias que nuestra
forma de actuar en el trabajo tienen en el
entorno, básicamente en las personas que nos
rodean y con las cuales nos relacionamos. Esta
motivación está impulsada por la satisfacción
que nos produce poder contribuir en el bienestar
de otra persona, en su aprendizaje y desarrollo.
Esta motivación trascendente está
estrechamente relacionada con la espiritualidad
y la manifestación de esta motivación, en
nuestro trato diario con el entorno, y las
personas que nos rodean, está en la paz, la
tolerancia, la compasión, en un trato justo, en
ser Seres cada vez más conscientes de
nosotros mismos y de la implicación que tienen
nuestros actos sobre los demás.
Para finalizar, me gustaría
destacar el
amor
auténtico como manifestación por
excelencia de la espiritualidad, ya que como
dicen algunos, es el “pegamento del universo”,
“es un poder activo que atraviesa las barreras
que separan al hombre de sus semejantes y lo
unen a los demás.” (Fromm).
Subir al inicio.
|