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Charla sobre espiritualidad y trabajo.

@ Pepón Jover del Pozo

 

+ jjover@copc.es

 

Mayo 2004

 

 

 

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Esta charla la di junto con Anji Carmelo en el Centro Borja en San Cugat, Barcelona, organizado por Cristianisme i Justícia.

Nos encontramos en un sistema social, en el que predominan unos valores como son los de la competitividad, el individualismo, el consumo desenfrenado, el hedonismo, la excesiva valoración de las cosas materiales y la apariencia, etc.. Este sistema en el que nos vemos inmersos estimula y potencia esos valores, ya que socialmente no está mal visto y por tanto, premia a aquellas personas que siguen ese estilo de conducta. La valoración social, constituye un mecanismo muy importante para censurar o permitir ciertos estilos de vida. El ritmo tan acelerado que se lleva suele generar en las personas altos niveles de estrés y ansiedad y puede derivar en ciertos trastornos psicosomáticos, y en enfermedades más graves.

Viviendo en un contexto de trabajo de estas características, no es difícil plantearse cómo combinar vida personal y vida profesional, o en el plano más espiritual, cómo combinar la vida interior y la vida exterior. La vida interior o la espiritualidad está caracterizada por una actitud de búsqueda, tanto de nuestro propio autoconocimiento, de responder a las preguntas “quién soy realmente”, “tiene mi vida un sentido más trascendente”, así como la búsqueda de la relación que tenemos con el resto del Universo o con un Ser superior. Una búsqueda que va más allá de lo palpable y que ahonda en una dimensión más profunda de la existencia. Este proceso de búsqueda implica necesariamente de momentos de soledad, de reflexión, de confusión, de lectura, de experimentación, de escucha, tanto de nuestro interior (pensamientos, sentimientos, de nuestro cuerpo, etc.) como de lo que ocurre a nuestro alrededor, también el poder compartir y dialogar con otras personas de nuestras inquietudes para así avanzar.

La respuesta paulatina a las anteriores cuestiones marcará y condicionará el tipo de relación que tengamos con la vida exterior, en este caso, nuestro trabajo. En el trabajo se nos presentan muchas oportunidades para poner a prueba nuestra integridad personal, para manifestar nuestra vida interior, y la conciencia, es el sentido que nos permitirá observar cómo estamos actuando, si consecuentes y coherentes con nuestros principios. Todos los problemas que nos encontramos en el trabajo pueden ser contemplados o como obstáculos o como oportunidades, y de nuestra actitud dependerá una opción u otra. Hay una parábola muy bonita que dice: “las palomas no podrían volar sin la resistencia del aire en sus alas”, lo que nos viene a decir es que las dificultades nos pueden servir para crecer como personas.

La empresa es un tipo especial de organización humana, y su especificidad consiste en que organiza la acción, el trabajo humano, con el objetivo de crear riqueza. Nosotros pertenecemos a las organizaciones impulsados por dos motivaciones fundamentales, que seguro ya conocéis, una motivación extrínseca y otra intrínseca. La primera tiene que ver con la remuneración que percibimos por nuestro trabajo y la segunda, por la satisfacción que nos produce la realización de nuestro trabajo, el aprendizaje implícito, y nuestro consecuente desarrollo profesional.

No obstante, podemos encontrar una tercera motivación. Juan Antonio Pérez, Dr. en dirección de empresas por la universidad de Harvard, profesor y exdirector general del IESE, en su libro Liderazgo y ética en la dirección de empresas, habla de la motivación trascendente. Esta motivación trascendente tiene que ver con las consecuencias que nuestra forma de actuar en el trabajo tienen en el entorno, básicamente en las personas que nos rodean y con las cuales nos relacionamos. Esta motivación está impulsada por la satisfacción que nos produce poder contribuir en el bienestar de otra persona, en su aprendizaje y desarrollo.

Esta motivación trascendente está estrechamente relacionada con la espiritualidad y la manifestación de esta motivación, en nuestro trato diario con el entorno, y las personas que nos rodean, está en la paz, la tolerancia, la compasión, en un trato justo, en ser Seres cada vez más conscientes de nosotros mismos y de la implicación que tienen nuestros actos sobre los demás.

Para finalizar, me gustaría destacar el amor auténtico como manifestación por excelencia de la espiritualidad, ya que como dicen algunos, es el “pegamento del universo”, “es un poder activo que atraviesa las barreras que separan al hombre de sus semejantes y lo unen a los demás.” (Fromm).

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