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--Sostiene usted
que la búsqueda de sensaciones solo sirve para
llenar un vacío personal.
--Nos pasamos la
vida buscando sensaciones. Sensaciones como los
juegos, los deportes; excitación con mujeres y
hombres... Incluso la guerra es una sensación.
La pregunta que nos tendríamos que hacer es:
¿qué queda después de todo eso?
--¿Qué queda?
--Nada, no queda
nada. Puedes tener buenos recuerdos de las
sensaciones que experimentaste con tu amante, o
con 500 amantes, pero, aparte de los recuerdos,
no te queda nada. Entonces ¿por qué buscamos esa
sensación?
--Usted dirá.
--Porque creemos
que hay un vacío en nuestro interior, y nos
resulta inaceptable que exista ese vacío. Y
tenemos que llenarlo de alguna forma. Con la
búsqueda de sensaciones y de objetos.
--¿Hay vacío?
--No, no hay vacío.
¡La mayoría dedica buena parte de su vida a
llenar un vacío que en realidad no existe!
Compran compulsivamente, buscan sensaciones
nuevas compulsivamente, cuando en realidad el
vacío no existe.
--¿Pues qué hay?
--Hay lo que somos,
y lo que somos llena el vacío.
--Dice que no
hay diferencia entre Dios y la esencia de
quienes somos verdaderamente. ¿Es usted un poco
Dios?
--En la tradición
judeocristiana no puedo decir que soy Dios. Pero
si digo que soy Dios y que tú eres Dios, queda
claro que Dios somos todos.
--Desde hace cinco años, organiza en
Normandía un festival que se llama Otra Manera
de Amar.
--Hace tiempo que
he observado que hay un gran error social con
respecto al amor. Nos han enseñado que el amor
te lo dan y te lo pueden quitar. Eso no es
posible. Cuando oigo en la calle o en el
supermercado que una madre riñe a su hijo porque
no se ha portado como ella querría, y que
implícitamente le amenaza con no quererle más,
me pongo muy nervioso. ¿Cómo es posible que una
madre que ha dado a luz a un niño pueda insinuar
que no lo va a querer más? Seguramente eso va a
acabar con malas notas en la escuela. Y ese amor
mal entendido está en la base de muchos
conflictos de nuestra sociedad, también de la
violencia.
--Lo lleva usted muy lejos...
--Es así. Se
transmite ese error de generación en generación,
pensando que es la verdad. Pero no lo es.
--¿Cuál es la verdad?
--Que somos amor.
No es asunto de tener amor o no tenerlo, de que
me lo dé otra persona o me lo quite, sino de que
el amor es lo que somos. El amor no te lo pueden
quitar.
--¿Cuándo lo descubrió usted?
--Hace
relativamente poco. Durante muchos años he
vivido sin saberlo, como la mayoría de la gente.
Hasta que comprendí que no tengo que esperar el
amor de otro, porque amor es lo que soy.
--Ha escrito un cuento sobre las carencias y
las faltas. Este es un ejemplo de los varios que
cita: "No hay mejor lugar que en el que uno se
encuentra".
--Un proverbio
chino dice que allá donde vayas te vas a
encontrar a ti mismo. Si huyes para mejorar tu
vida, es importante que sepas que adonde vayas
te vas a encontrar con problemas semejantes a
los que tienes en Barcelona.
--"La falta de medios es una excusa para la
falta de creatividad".
--Me choca cuando
los profesores dicen que les faltan medios, y
que sin medios no pueden dar clases. ¿Qué
necesitaba Sócrates? Quizá un poco de sombra, en
Grecia. Pero nada más. La falta de medios es el
pretexto para la ausencia de la creatividad.
Creatividad en el sentido amplio: la mesa de un
restaurante, con sus platos, es creatividad.
--Los profesores de repente se han encontrado
con centenares de miles de alumnos nuevos.
--Si eres
conferenciante para 100 personas, estarás
contento. Si das la conferencia para 200
personas, estarás más contento. ¿Por qué no pasa
lo mismo en la escuela?
--Cambiemos de tema. Usted da las gracias a
las faltas, a los errores.
--Sin mis faltas no
habría entendido nada. Las faltas son un regalo
de la vida. Nosotros mismos nos creamos las
pruebas a superar, porque con ellas vamos a
crecer y a aprender lo que hemos venido a
aprender.
--¿Creamos nuestros problemas?
--De alguna manera,
sí. Nadie más que nosotros crea nuestras
experiencias. Para mí fue un descanso aceptar la
idea de que nadie, ni siquiera Dios, habría
podido impedir que lo que pasó se produjera. Y a
partir de entonces me sentí aliviado de mi
inmensa carga y pude adaptar a mi persona lo que
decía el poeta Kazantzakis: "Sois vuestros
pinceles y vuestros colores, pintad el paraíso y
entrad en él".
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