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El Campus Excelencia
reúne este año en Fuerteventura a 14 premios
Nobel, un astronauta (López Alegría) y un puñado
de doctorandos. El Nobel Richard Roberts hace
gala en la isla de un sentido del humor muy
británico: "Soy científico, pero creo en la
magia, sólo tengo que empezar a decir: ´En mi
último experimento...´, ¡y mis amigos
desaparecen!". Roberts asegura que sólo ha
fichado para su equipo a científicos que no
supieran distinguir entre su trabajo y su ocio.
Él mismo no deja la ciencia ni rodeado de
doctorandos junto a la piscina del Kempinski,
cuando ironiza sobre la noticia bomba que para
la bioquímica han supuesto los avances en el
MRNA: "¡Evolucionamos! ¡Está claro! Tal vez
hacia nuestra propia extinción: ahora ya somos
capaces de programarla".
- La investigación se puede planificar?
- Si yo fuera ministro de Ciencia, buscaría a
gente entusiasta con proyectos interesantes; les
daría el dinero justo para que no pudieran hacer
nada más que investigar y les dejaría trabajar
diez años para sorprendernos.
- Parece una buena política.
- Se suele creer que, para llegar muy lejos,
tienes que apoyar la investigación básica; pero
si quieres resultados más inmediatos y
rentables, debes apostar por la aplicada...
- ¿Y no es así?
- A menudo, los descubrimientos más rentables se
han hecho a partir de preguntas muy básicas. Así
nació la gigantesca y billonaria industria
biotech estadounidense para la que trabajo.
- ¿Cómo nació?
- La biotecnología surgió cuando gente
apasionada se empezó a preguntar si podría
clonar genes y empezó a estudiarlos y a intentar
purificarlos.
- Toda una aventura.
- Sí, pero nadie esperaba hacerse rico con esas
preguntas. Era difícil obtener fondos para
investigar las respuestas hasta que Nixon lanzó
la guerra contra el cáncer en 1971.
- ¿Fue científicamente productiva?
- Permitió, con una enorme cantidad de fondos
públicos, mucha investigación, como la mía, que
no servía directamente contra el cáncer, pero
fue útil para entender los mecanismos que
permiten la vida.
- ¿Qué descubrió usted?
- Phillip Allen Sharp y yo fuimos premiados por
el descubrimiento de los intrones en el ADN
eucariótico y el mecanismo de gen splicing
(empalme de genes).
- ¿Para qué sirvió?
- Ese descubrimiento permitió entender cómo
funciona el ADN y, sin embargo, sólo tiene una
relación indirecta con el cáncer.
- ¿Qué modelo de investigación le parece más
eficaz, el estadounidense o el europeo?
- Es obvio que el estadounidense, en el que toma
parte activa el capital privado, es mucho más
eficiente. Tómese por ejemplo el espectacular
avance de la industria informática, donde es el
dinero privado el que financia la investigación
básica y aplicada, pero respecto a la industria
de la salud... Tengo mis reservas.
- Le escucho.
- La investigación en la salud humana no puede
depender tan sólo de su rentabilidad económica.
Lo que es bueno para los dividendos de las
empresas no siempre es bueno para las personas.
- Explíquese.
- La industria farmacéutica quiere servir a los
mercados de capital...
- Como cualquier otra industria.
- Es que no es cualquier otra industria: estamos
hablando de nuestra salud y nuestras vidas y las
de nuestros hijos y millones de seres humanos.
- Pero si son rentables, investigarán mejor.
- Si sólo piensas en los beneficios, dejas de
preocuparte por servir a los seres humanos.
- Por ejemplo...
- He comprobado como en algunos casos los
investigadores dependientes de fondos privados
hubieran descubierto medicinas muy eficaces que
hubieran acabado por completo con una
enfermedad...
- ¿Y por qué dejan de investigar?
- Porque las farmacéuticas a menudo no están tan
interesadas en curarle a usted como en sacarle
dinero, así que esa investigación, de repente,
es desviada hacia el descubrimiento de medicinas
que no curan del todo, sino que cronifican la
enfermedad y le hacen experimentar una mejoría
que desaparece cuando deja de tomar el
medicamento.
- Es una grave acusación.
- Pues es habitual que las farmacéuticas estén
interesadas en líneas de investigación no para
curar sino sólo para cronificar dolencias con
medicamentos cronificadores mucho más rentables
que los que curan del todo y de una vez para
siempre. Y no tiene más que seguir el análisis
financiero de la industria farmacológica y
comprobará lo que digo.
- Hay dividendos que matan.
- Por eso le decía que la salud no puede ser un
mercado más ni puede entenderse tan sólo como un
medio para ganar dinero. Y por eso creo que el
modelo europeo mixto de capital público y
privado es menos fácil que propicie ese tipo de
abusos.
- ¿Un ejemplo de esos abusos?
- Se han dejado de investigar antibióticos
porque son demasiado efectivos y curaban del
todo. Como no se han desarrollado nuevos
antibióticos, los microorganismos infecciosos se
han vuelto resistentes y hoy la tuberculosis,
que en mi niñez había sido derrotada, está
resurgiendo y ha matado este año pasado a un
millón de personas.
- ¿No me habla usted del Tercer Mundo?
- Ése es otro triste capítulo: apenas se
investigan las enfermedades tercermundistas,
porque los medicamentos que las combatirían no
serían rentables. Pero yo le estoy hablando de
nuestro Primer Mundo: la medicina que cura del
todo no es rentable y por eso no investigan en
ella.
- ¿Los políticos no intervienen?
- No se haga ilusiones: en nuestro sistema, los
políticos son meros empleados de los grandes
capitales, que invierten lo necesario para que
salgan elegidos sus chicos, y si no salen,
compran a los que son elegidos.
- De todo habrá.
- Al capital sólo le interesa multiplicarse.
Casi todos los políticos - y sé de lo que hablo-
dependen descaradamente de esas multinacionales
farmacéuticas que financian sus campañas. Lo
demás son palabras...
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