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  " ¡Pedaleamos hacia el despeñadero!"    
 
 
Entrevista publicada en La Contra de la Vanguardia el 13/07/2007, y realizada por Víctor M. Amela  
 
 

 

Tengo 45 años. Nací en Madrid y vivo en Galapagar. Me licencié en Matemáticas, me doctoré en Ciencias Políticas, fui profesor de filosofía moral en la Universitat de Barcelona y soy poeta. Trabajo como investigador en el Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud. Estoy casado, sin hijos. Soy ecosocialista. Soy agnóstico 
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"Haremos más" ha sido uno de los últimos lemas electorales. Y Riechmann discrepa, así: "¡Hagamos menos!". En un planeta finito, es imposible el crecimiento material infinito, resume. "Lo difícil para nuestra cultura es detenerse", añade... Como investigador, activista -´Perdurar en un planeta habitable´ (Icària)-, filósofo y poeta, nos previene de nuestra "mercadolatría y tecnolatría", y de sus textos en ´Conversaciones entre alquimistas´ (Tusquets) me atrae una reflexión sobre el misterio del bolso de las mujeres: "Un estudio dice que, de promedio, un bolso pesa 1,70 kilos. Si las llaves, el monedero y el móvil suman 300 gramos, ¡queda el ´resto imprevisible´!". Y anoto esta cita de Heráclito: "El sendero que sube es el mismo cuando baja". De lo que entiendo que todo es reversible.

- Matemático, politólogo, poeta... ¡Qué mezcla!

- Soy un catacaldos, sí. Pero antes de estudiar nada, era poeta.

- Dio clases de filosofía moral: ¿qué es eso?

- Ética. A partir de los 80, ahondé en la ética acerca de lo medioambiental y lo social.

- ¿Y qué hizo?

- Me comprometí con movimientos políticos verdes. Y fui uno de los promotores de Científicos por el Medio Ambiente (Cima).

- ¿Qué es Cima?

- Una asociación de científicos y tecnólogos, de sociólogos, biólogos, epidemiólogos, toxicólogos, medioambientalistas, investigadores en salud pública...

- ¿Con qué objetivos?

- Plantear propuestas que hagan viable la sostenibilidad del medio ambiente, de cara al Plan Nacional I + D para el 2008-2011.

- Resúmalas.

- La voz de los científicos, hoy ya unánime, debe traducirse en políticas prácticas. A saber: el secreto es detenerse.

- ¿Detenerse?

- No viajamos sobre una bicicleta que caerá si dejamos de pedalear: podemos dejar de pedalear y guardar el equilibrio.

- ¿Ser equilibristas de nuestro mundo?

- Eso... o seguir pedaleando ¡hacia el despeñadero! Que es lo que estamos haciendo.

- Descríbame el despeñadero.

- Zonas de desiertos inhabitables, como España, por ejemplo. Poca tierra emergida y habitable en el cinturón del Polo Norte... El colapso de nuestro mundo y de este planeta.

- No tiene gracia.

- No. En vida nuestra se ha verificado un hecho que altera la situación del ser humano en el universo, un hecho trascendental... que debería hacernos cambiar.

- ¿Qué hecho?

- El mundo disponía antes de espacio ecológico libre, y en ese contexto encajaba la lógica de identificar progreso con crecimiento. Pero desde 1980 vivimos en un mundo lleno.

- ¿Qué entiende por mundo lleno?

- El crecimiento del sistema socioeconómico humano a costa de la biosfera llegó a un punto en el que ya la daña.

- ¿Y cómo sabe que eso sucedió en 1980?

- Se calculó nuestra huella ecológica en términos territoriales. Tu huella ecológica es esa superficie de planeta (tierra y mar) que te sostiene, es decir, la extensión de planeta que necesitas para abastecerte de recursos y acoger tus residuos, dado tu tren de vida. Pues bien: la huella ecológica de la humanidad, ¡en 1980 igualó ya la extensión completa del planeta, por primera vez en la historia!

- ¿Y hoy?

- Hemos mantenido la vieja lógica de que sólo progresas si creces, ¡y seguimos creciendo como si dispusiéramos de más planetas...! Así, la huella ecológica de Holanda, por ejemplo, equivale a 16 veces su superficie.

- ¿Qué habría que hacer?

- Dejar de practicar la sobrepesca, dejar de devastar bosques, dejar de vivir adictos al petróleo, apostar por energías renovables, apostatar de nuestra religión tecnolátrica...

- ¿Hay tiempo?

- Lo primordial es salir de esta ilusión de normalidad en que vivimos. ¡El momento es excepcional! Lo dice Lester Brown en Estados Unidos: "Ya logramos trastocar toda la sociedad estadounidense para enfrentarnos a la II Guerra Mundial. ¡Logrémoslo ahora!".

- ¿Que actuemos como ante una guerra?

- Sí. Podríamos al menos estabilizar el uso de energías primarias e iniciar una transición hacia un sistema sostenible. Pero detecto que no hay intención de hacerlo...

- ¿En qué lo detecta?

- Hace poco pudo aprobarse en España una reforma fiscal para gravar los coches que más carburante queman. Pero las industrias petrolera y automovilística presionan, y los políticos se arrugan.

- Se apuesta por el biocombustible, ¿no?

- Ventajas: nos independiza del agotamiento de los hidrocarburos, y contamina menos. Problemas: con las actuales cuotas de consumo, para sustituir el petróleo necesitaríamos tanta biomasa ¡que ni toda la superficie cultivable del planeta sería suficiente!

- ¿No?

- Sustituir por biocombustibles el 10% del petróleo hoy usado en transportes en Europa... precisaría del 31% de todas las tierras de cultivo de la Unión Europea.

- Podríamos importar ese biocombustible.

- A costa de devastar las selvas tropicales de Malasia, Indonesia, Brasil... Ya sucede.

- ¿También en el Brasil del socialista Lula?

- Sí. Lula es socialista y poco ecologista.

- Esto se parece a un callejón sin salida...

- No. En ciudades en que es difícil circular con coche, ¡fíjese cómo gana la calidad de su vida urbana! Integremos campo y ciudad...

- ¿Huertos en las calles?

- Hasta la I Guerra Mundial, ¡París se autoabastecía de frutas y verduras de sus huertos urbanos! Pero la sustitución del caballo por el coche los dejó sin estiércol...

- Un poema suyo fabula con vivir sin coche, sin tele y sin fútbol.

- Quizá se abriese un espacio acogedor...

- Qué difícil, qué difícil, ¡admítamelo!

- Conozco a gente cautivada por algún apartado pueblecito de Marruecos... Admítame usted que hoy identificamos como paraíso ¡lo que teníamos en casa hace un siglo!

- Admitido, salvo por la miseria que había.

- ¡Eso es algo hoy solventable! Solventado eso, ¿progresamos? ¿Queremos seguir avanzando en hacer inhabitable nuestro entorno?

- Insisto: ¿qué hacer?

- ¡Dejar de hacer! El problema, justamente, es que hacemos demasiado.

 

 

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