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" Las cámaras siguen a las chicas jóvenes"

   
 
 
Entrevista publicada en La Contra de la Vanguardia el 23/07/2007, y realizada por Ima Sanchís  
 
 

 

 

Tengo 30 años y pareja. Nací en Río de Janeiro de padres suizos, tengo doble nacionalidad. Experto en videovigilancia. Vivo en Dirham, en cuya universidad investigo como miembro del Institute for Hazard and Risk Research. Políticamente crítico, creo en los debates públicos. Mi espiritualidad es un bricolaje, creo en un más allá.

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Klauser es un hombre moderado que no se posiciona ni a favor ni en contra de las cámaras de videovigilancia, pero nos advierte de su peligrosa deriva y de la necesidad de controlarlas legalmente. "El ciudadano debe conocer su poder y decidir sus límites". Sus principales líneas de investigación son la seguridad y el control de fronteras en los aeropuertos, la seguridad en los grandes acontecimientos deportivos, las geografías imaginarias del riesgo y la territorialización humana. En sus estudios se plantea la videovigilancia en los espacios abiertos y esa ambivalencia de instrumento de control social. Defiende el aumento del cuerpo policial frente a la máquina; de eso ha venido a hablar al CCCB de Barcelona.

- No a la videovigilancia?

- Sería demasiado simple.

- Pues complíquelo...

- La videovigilancia es efectiva en autopistas y parkings, pero es muy limitada en terrenos como la prevención.

- Ahora se lleva más la punición.

- En quince años en el Reino Unido se han instalado cuatro millones de cámaras en espacios públicos, pero el responsable del departamento de criminología declaró que no han ayudado a la prevención del delito. España debería aprender de esa experiencia.

- ¿Hasta qué punto menguan la libertad del individuo?

- Ése es el gran problema, porque los ciudadanos no saben hasta qué punto están controlados, y no se trata sólo de cámaras.

- ¿Cuál es la mayor máquina de control?

- Los ordenadores, saben lo que la gente escribe, consulta, mira. Y también pueden localizar cualquier teléfono móvil.

- ¿Y cómo nos controlan las cámaras?

- En el Reino Unido se han hechos estudios y se observó que en lo primero que las cámaras se fijan es en hombres jóvenes negros, en una proporción exagerada, en emigrantes, gente marginal y mujeres jóvenes.

- Vaya con los operadores.

- Hay muchos intereses económicos, por ejemplo en los grandes almacenes se da un contrabando de imágenes para identificar qué tipo de clientes no quieren tener en sus comercios. Se trata de exclusión social.

- ¿Puede ir más allá de los comercios?

- Hice un estudio en la Copa del Mundo del año 2006 en Alemania. Instalaron en Berlín 5,2 kilómetros de barrera vigilada por videocámaras. El que no respondía al estereotipo de normal era excluido.

- Era un espacio público.

- Ésa es la cuestión, que los espacios públicos deberían estar abiertos a todo el mundo, no sólo a los perfiles comerciales. Además, no sabemos realmente qué pasa con las imágenes que captan las cámaras.

- ¿Cómo ganan dinero observándonos?

- La relación se da entre el espacio y el dinero, con las cámaras puedes controlar el espacio, y ésa es una manera de comercializarlo.

- Esas cámaras pueden llegar más lejos.

- Sí, con ellas se puede identificar a personas, y esto nos remite a otra dimensión: pueden entrar en tu vida privada. Sistemas así se están probando en lugares públicos en el Reino Unido.

- La tecnología progresa.

- De manera abrumadora. Además, la relación entre diversas tecnologías amplía el espectro de información, y eso da un poder increíble.

- ¿De qué se trata?

- Micrófonos, satélites... En Estados Unidos hay un sistema denominado Echelon que puede escuchar todas las conversaciones telefónicas. Necesitamos claramente leyes y saber hasta qué punto queremos llegar. Los centros de las ciudades se están transformando en lugares totalmente monitorizados.

- Eso asusta un poco.

- Hay un riesgo. Si hace 50 o 60 años los regímenes totalitarios hubieran tenido este poder tecnológico no quiero imaginar qué tipo de vida pública se habría desarrollado. Es importante discutir lo que queremos y no queremos.

- Y más si se trata de nuestro dinero.

- Exacto, los ciudadanos deberíamos poder discutir lo que queremos hacer con nuestro dinero para fines de seguridad. Además, sería más eficiente utilizar seres humanos que tecnología como medio básico. Fíjese en lo que está ocurriendo en Iraq.

- ¿?

- Todo está basado en la tecnología. Pero es obvio que para construir áreas seguras necesitas conocimiento, proximidad, relación.

Tenemos que ser mucho más críticos con esta creencia moderna en la tecnología.

- ¿Y qué dicen los ciudadanos?

- Cuando la gente sabe lo que está pasando es mucho más crítica. Y si se le consulta dice no a que las cámaras inunden los núcleos urbanos, prefiere policías, entes humanos a máquinas.

- Usted ha estudiado la videovigilancia de aeropuertos y fronteras.

- Sí, y es muy sintomático que la oficina de la compañía de seguridad esté junto a la de la policía. El problema es que la policía no tiene el conocimiento del sistema tecnológico, son sistemas automatizados en los que el policía no interviene, así que es la compañía privada de vigilancia la que define las pautas de riesgo.

- ¿Y en qué parámetros se basan?

- El económico es importante. Cada semana la policía recibe información de estas empresas de seguridad; o sea, que hacen sus informes y crean nuevas necesidades. Al final el dinero es el que determina la seguridad.

- ¡Uf!

- El desarrollo de estas empresas de seguridad ha sido astronómico y crece sin ningún tipo de control.

- ¿Hacia dónde nos abocamos?

- Ya hay compañías en EE. UU. que exigen a sus trabajadores que se implanten chips. Casi todo existe, ya no hay límites, y debemos definirlos. De hecho, cuando vuelas a Estados Unidos hay 35 datos de cada pasajero que las compañías deben proporcionar al Gobierno.

- ¿No son demasiados?

- Van desde la edad hasta lo que consumes en el avión. En el clima de miedo en el que vivimos ya no se critican cuestiones como ésta y si lo haces te identificas como individuo sospechoso. Urge controlar legalmente esas aplicaciones porque no hay normativa.

 

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