El cerebro
humano es un
órgano de
colosal
plasticidad, y
hoy estamos
aprendiendo a
estimularlo,
enriquecerlo,
desplegarlo. Y
no sólo en sus
capacidades
intelectivas,
sino también en
las emocionales.
Y en las
bioquímicas:
podemos aprender
a modularlo para
producir duchas
hormonales que
te refuercen el
sistema
inmunológico.
¿Consistirá la
medicina del
futuro en ese
autocontrol de
los recursos de
la mente sobre
la materia,
sobre el propio
cuerpo, y a eso
le llamaremos
salud? Dispenza
se dedica al
desarrollo del
cerebro y la
autoconciencia,
como explica en
el libro y la
película ´¿¡Y tú
qué sabes!?´,
igual que en una
charla impartida
en el colegio
mayor Sant Jordi
de la
Universitat de
Barcelona,
organizado por
L´Ambar y el
Cineforum
Spiritual Vision.
-¿Qué es
una remisión
espontánea?
- La súbita
reversión de una
enfermedad: el
enfermo sana de
una dolencia sin
explicación
médica
convincente.
- ¿Se dan a
menudo
curaciones de
este tipo?
- Sí se dan. Yo
he presenciado
casos
espectaculares.
Y tengo una
buena noticia:
podrían darse
más a menudo.
- ¿Por qué?
- He estudiado a
muchas personas
que
experimentaron
asombrosas
remisiones de
graves
enfermedades...
y he constatado
en ellas ciertos
aspectos
comunes.
- ¿Cosas que
podemos
aplicarnos
todos, entonces?
- ¡O intentarlo,
al menos! Porque
esas remisiones
no fueron tan
espontáneas...
- Le escucho:
¿qué había en
común entre esas
personas?
- Todas
aceptaron que
sus modos de
pensar y sentir
( "he estado
enfadado,
odiando,
envidiando..."),
sus actitudes
vitales, en
suma, les habían
ocasionado
desequilibrios y
disfunciones,
les habían
dañado la salud.
- Ah, eso no
es nada fácil de
aceptar...
- Pero se puede.
Y uno puede
buscar tiempo
para empezar a
ejercitarse en
crear
pensamientos
grandes y
felices: ¡eso
está comprobado
que estimula el
sistema
inmunológico,
que estimula una
neuroquímica
salutífera!
- ¿Qué más
hicieron esas
personas?
- Empezaron a
formularse
preguntas
importantes: ¿a
qué persona o
gran personaje
admiro?, ¿a
quién conozco
que sea feliz,
para ser igual?,
¿qué debo
cambiar en mí
para vivir con
alegría?
- ¿Basta con
pensar en eso?
- Es que,
además, se
concentraron en
pensar en la
nueva persona
que querían ser.
¡Y eso genera ya
redes neuronales
nuevas!
- ¿Estaban ya
cambiando,
mejorando?
- Sin duda. Pero
había algo más:
todos aceptaron
que la
inteligencia de
la vida, la
inteligencia
universal latía
en ellos, y que
podían
reconectarse a
ella.
- Suena ya
demasiado
místico,
abstracto...
- ¡Es de una
lógica radical!
Mira: cada
segundo pierdes
diez millones de
células...
¡Ahora mismo!
¿Estabas
pensando en
hacerlo?
- No.
- Hay un montón
de células que
deciden nacer y
morir a cada
segundo del día
y de la noche,
que deciden
mantener tu
corazón
latiendo, todos
tus órganos
funcionando...
¿Controla todo
esto tu
inteligencia
racional?
- No.
- ¡Pues ésa es
la activa
inteligencia de
la vida a la que
me refería!
¿Ves? La
aceptas: puedes
conectarte,
encajarte en
ella.
- ¿Y cómo
lograr encajarme
en ella?
- Hoy sabemos
que la
meditación es
muy eficaz... Y
hay algo que yo
practico: cada
mañana, al
levantarme,
pienso en quién
quiero ser,
escojo qué
quiero para ese
día, para mi
vida, qué
ideales
persigo... ¡y
todo eso lo
siento dentro de
mí como si ya
fuese real!
- ¿Y qué
sucede, señor
Dispenza?
- ¡Que vivo días
asombrosos! Y
que vivo todos
los días como si
lo fuesen.
- ¿Está
sugiriéndome que
puedo crear mi
realidad?
- Todas las
personas que
hicieron algo
grande fueron
personas que
vivieron en una
visión, en una
realidad en la
que creían. Y,
de este modo, la
crearon.
- Eso no es
muy científico.
- En tal caso,
las partículas
elementales
tampoco son muy
científicas...
- ¿Por qué lo
dice?
- ¡Porque se
comportan
contrariando las
leyes de la
física mecánica!
Para empezar:
donde todo
parece sólido,
¿qué hay?
- ¿Qué hay?
- ¡Abismos de
vacío!
- Muy
poético.
- No, no, es
mera realidad:
en el átomo,
entre los
electrones y el
núcleo, hay
inmensidades de
vacío; y entre
los protones y
neutrones del
núcleo del
átomo, hay más
inmensidades de
vacío... O sea,
los ladrillos de
la materia...
están vacíos.
¡La materia es
mero vacío!
- ¿Alguna
otra enseñanza
de física
cuántica que
quiera
transmitirme?
- Que mente y
materia no están
separadas. Los
humanos, pues,
podemos usar la
mente subjetiva
para influir en
el mundo
objetivo.
- No es poco
trabajo...
- ¡De hecho, lo
hemos hecho
durante siglos
sin darnos
cuenta!
- ¿Ah, sí?
¿Cómo?
- Al rezar.
- ¿Propone
que recemos?
- Orar es esto:
cerrar los ojos
y pensar. Y para
eso no se
necesita a Alá,
Yahvé, Dios ni
nada de eso: se
basta uno. Esto
es lo que
propongo:
¡experimenta!
Haz de tu vida
tu propio
experimento
científico.
-
Despidámonos con
algún ejemplo de
experimento.
- Una vez tomé a
dos personas:
una estiraba con
un dedo un
cordel durante
una hora al día,
durante cinco
días a la
semana, durante
cuatro semanas.
Su dedo ganó un
30% más de
fuerza. La
segunda persona
hizo lo mismo...
pero sólo
mentalmente.
- ¿Y?
- ¡Su dedo ganó
un 22% más de
fuerza!
- ¿Sin tocar
el cordel?
- Sin tocar el
cordel.
- Vaya...
- Lo físico es
metáfora de los
psíquico. Está
todo imbricado,
es en el fondo
lo mismo.
Insisto:
¡experimenta!
Enriquece tu
vida con
experiencias
nuevas. Créalas
en tu cerebro.
Crea realidad
con tu mente, y
verifícala luego
en tu entorno.
Serás creador.
¡Todos lo somos!
Basta con
conectar con esa
inteligencia
cósmica de la
vida, con esa
mente total.
Enriquécete,
enriquécete...